El negocio del deporte

El hombre que no quería que le mirara la gente

Juan Manuel Rodríguez
El mismo día que estrenaron la película "Toro Salvaje", Jake la Motta fue corriendo a verla en un cine cercano a su casa. Le acompañaba Vicki, su primera mujer, a quien interpretaba la esplendorosa actriz Cathy Moriarty. "Nada más salir del cine", confiesa La Motta, "me entró una gran depresión... Entonces le pregunté a Vicky si yo había sido realmente así, y ella me respondió que no, que yo había sido mucho peor". Resultará verdaderamente increíble para quien haya visto la película porque el "Toro del Bronx" que interpreta Robert de Niro termina convirtiéndose en un personaje realmente odioso, pero Paul Schrader y Mardik Martin, los guionistas que trabajaron mano a mano con Martin Scorsese, trataron en vano de dulcificar al personaje.
 
El verdadero Jacke La Motta era un celoso compulsivo, un hombre violento, inseguro, paranoico y con complejos sexuales, alguien que cuando perdía el "oremus" era incapaz de reconocer incluso a su propio hermano. Pero uno de los (innumerables) aspectos positivos que tiene la película de Scorsese es que el director nos contó la historia sin juzgar nunca a su protagonista. Tampoco me parece que ahora debamos erigirnos en los fiscales del distrito del "caso Mike Tyson". La fotografía del otrora "Terror del Garden", tristemente derrengado en uno de los laterales del ring tras haber sido noqueado por un irlandés desconocido, será un buen epílogo de otra maravillosa película, ésta dirigida por Oliver Stone o Sam Raimi. Contará (brillantemente, sin duda) la historia de un hombre que inoculaba dosis de miedo en sus rivales con sólo oír su segundo apellido, pero que luego acabaría peleando exclusivamente por dinero, retorciendo el brazo de un soberano "paquete", provocándole una profunda herida tras propinarle un feo cabezazo en la ceja izquierda.
 
La Motta tardó mucho tiempo en reconocerse a sí mismo, tiempo que Tyson no parece estar dispuesto a perder en baldíos análisis psicológicos. Nada más concluir su último combate, el ex campeón mundial de los pesos pesados (50 victorias, 44 de ellas por KO, y sólo 6 derrotas a lo largo de su carrera deportiva) ha declarado que le da asco el olor a gimnasio y que ya no es aquel hombre que boxeara como los mismísimos ángeles. Tyson no quiere mentirse más y precisamente por eso el otro día disputó su último combate. Al fin, Tyson logró reconocerse a sí mismo y ahora sólo sueña con que no le reconozcan los demás. Es el sueño lícito de un hombre que ya no quiere que le mire la gente.
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