El negocio del deporte

El fuero para el gran ladrón

Juan Manuel Rodríguez

Ya lo decía Pablo Neruda: "el fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan". No me extraña que los responsables del Betis estén que lo fuman en pipa tras la decisión adoptada por el Comité de Competición de cerrar por un partido el estadio Manuel Ruiz de Lopera. ¡Con todo lo que hemos vivido juntos! ¡Con lo que nos ha llovido! ¡Con lo que nos ha caído encima! Vengo diciendo desde hace tiempo que el auténtico problema de la "in-justicia" deportiva española es que carece de la autoridad moral mínima imprescindible para desarrollar con normalidad su labor. Sabedores de ello, Alfredo Flórez y sus muchachos dedujeron que, tarde o temprano, habría que pegarle un palo a alguien para, a partir de ese momento, recuperar la "normalidad".

¿A quién darle el batacazo? ¿Con quién cebarse? Con el débil. Por ejemplo, con el Betis. El club andaluz estaba apercibido de cierre porque, en el transcurso del partido contra el Villarreal, se lanzaron objetos al césped desde la grada. Aquel fue el famoso partido en el que Rubinos Pérez pitó un inexistente penalti contra el Betis que mandó repetir, después de que Doblas parase el primer lanzamiento. Luego, Rubinos –malo, malo, pero malo– echó a la calle a Joaquín y Melli, cogió tranquilamente el AVE y llegó a su casa con el tiempo suficiente para ver el capítulo de "House", la serie de moda.

El último campo que se cerró fue el del Sevilla, en la temporada 2002-2003. Con la nueva legislación, diseñada ad hoc para impedir a cualquier precio la clausura del Nou Camp, un campo no puede cerrarse a menos que esté previamente apercibido por incidentes graves. Pero el Betis alega que el apercibimiento del día del Villarreal está recurrido ante el Comité Español de Disciplina Deportiva, sin que se haya producido todavía una decisión por su parte.

No es que el Comité de Competición tenga una doble vara de medir, no. El caso es que el Comité de Competición tiene cien varas de medir distintas, en varios idiomas, con diferentes colores, tamaños y formas, varas rojas, varas verdes, varas gigantescas y varas minúsculas, varas españolas, alemanas y canadienses. A Flórez ya no le caben tantas varas en las vitrinas de su despacho. Y, entre un surtido tan amplio, el hombre se hace un auténtico lío. Me imagino que Manuel Ruiz de Lopera querrá lo mismo que le regalaron en su día al Barcelona. Esto es, un indulto que deje sin efecto el cierre de su estadio. A ver Flórez, ¿qué vara sacamos ahora del armario de las varas? ¡Sorpréndenos!
A continuación