El negocio del deporte

El apasionante mundo de la fontanería federativa

Juan Manuel Rodríguez
Este viernes hubo quien, harto de escucharme todo el día dándole vueltas y más vueltas a las elecciones a la presidencia de la federación, me acusó de hablar sólo de fútbol. "¿Fútbol?", le dije, "esto no es fútbol, esto es fontanería. ¿Es que tampoco te interesa el apasionante mundo de la fontanería?"... El gesto de aproximación iniciado el jueves por la tarde por el "fontanero" Gerardo González hacia la candidatura de Sebastián Losada -un movimiento estratégico errático, puesto que el "Gran Sebas" no tenía ningún apoyo en la asamblea- nos hizo ver muy claramente que había algún grifo que goteaba y no dejaba dormir bien por las noches al ex jefe de prensa y ex secretario general. Tras la reunión del hotel Intercontinental supe que González perdería la votación del viernes.

Probablemente habría que empezar diciendo que el nuevo reglamento electoral de la Federación potencia este conchabeo de votos, un rastrillo poco edificante y que habla bien a las claras de quienes lo protagonizan. En su momento, Villar presentó ciento veinte avales, mientras que González depositó otros noventa y nueve ante notario; puesto que el reelegido presidente obtuvo noventa y ocho votos el viernes, y su antiguo "hombre fuerte" consiguió sólo setenta y ocho, puede decirse sin temor a la equivocación que a Villar le traicionaron al menos veintidós asambleístas, mientras que a González le dejaron en la estacada otros veintiuno. De los tres candidatos que se presentaban a la elección sólo uno, Sebastián Losada, puede presumir de no haber sido traicionado por nadie puesto que no hubo absolutamente nadie que le votara. Ni siquiera tuvo ocasión de traicionarse a sí mismo, en lo que supuso un gesto inteligente por su parte, al negarse a aceptar en el último minuto la inclusión en la candidatura de Gerardo González.

A González ha terminado por rematarle el apoyo disperso del todopoderoso e insaciable Grupo PRISA, puesto que De la Morena le definía en antena como el "hombre del cambio" mientras que Segurola escribía de él que era un "fontanero maquiavélico". ¿En qué quedamos? ¿Cambio o Maquiavelo? No hubo esta vez sinergia de grupo y el asunto se les fue de las manos. A De la Morena le importaba un bledo lo que pasara en la Federación (ni siquiera quiso "perder el tiempo" con Losada), lo único que pretendía era controlar férreamente a su presidente hasta convertirle en su marioneta. La candidatura de Ángel Villar supo darle la vuelta a la historia con el objeto de que los asambleístas se revolvieran contra González.

En cuanto a Losada, el chaval haría bien en distanciarse cuanto antes del padrinazgo de Villar. Vi al presidente realmente entusiasmado con la posibilidad de convertir a Sebastián en un nuevo Ángel Mari. Losada, como antes hizo con González, debería rechazar amablemente la posibilidad de mano tendida ofrecida por Villar si no quiere terminar antes incluso de haber empezado. El único dato positivo que extraigo de todo esto es que Ángel María Villar tiene hasta el próximo 2008 para aprender a pronunciar correctamente "fútbol". Y puede que también le convenga ir aprendiéndolo en inglés.
 
A continuación