El negocio del deporte

Diez escenas del Barça-Real Madrid

Juan Manuel Rodríguez
Escena Primera.- Gran parte de la confusión creada a propósito del derbi provino de la anterior jornada de Liga. La victoria del Real Madrid por 6-1 ante el Albacete y la derrota del Barcelona por 2-1 ante el Betis alimentaron en la capital una euforia que no tenía demasiado sentido. El Real Madrid se encontró enfrente con un equipo desorientado y Ronaldo, como aquel boxeador que se exhibe, solitario, ante el espejo, pudo lucir su amplia gama de recursos malabaristas. Pero todos sabíamos que Puyol no sería Montiel... ¡Si hasta marcó de cabeza Samuel!... El Barcelona perdió en Sevilla pero hasta el último segundo del último minuto de aquel partido dio sensación de equipo. Y su derrota, por cierto, fue injusta.
 
Escena segunda.- Dice Jorge Valdano que el dinero tiene que estar sobre el campo. Y el balón hay que dárselo al que sabe, añado yo; y el que más sabe en el Real Madrid se llama Zinedine Zidane. Es alarmante la pérdida de protagonismo del francés en el fútbol de su equipo. Es cierto que físicamente estuvo en el Camp Nou, pero al margen de eso no se puede añadir mucho más. Rijkaard no le dejó que jugara, y quizás debiera ir pensándose García Remón cómo proteger tácticamente sobre el campo al galáctico por antonomasia.
 
Escena tercera.- El Barcelona defiende atacando. Así de simple. Cuando tiene el balón (la mayoría del tiempo) se lanza velozmente contra la portería rival. Cuando no lo tiene, lo roba rápidamente a través de una agresividad que dejó en mantillas a la madridista. El que un equipo tenga el balón más tiempo que otro y sepa qué hacer con él es producto de su superioridad técnica. Pero la agresividad individual no se entrena sino que se tiene o se carece de ella. Es posible que la agresividad de Ronaldinho, Eto'o, Deco o Xavi proceda del hecho de que son futbolistas que no han ganado todavía títulos importantes, aunque eso no explica la pereza de futbolistas que, habiéndolo ganado todo, tendrían que ser los primeros en defender con uñas y dientes su propia biografía deportiva.
 
Escena cuarta.- Velocidad y control. El Barcelona juega mucho más rápido que lo hace el Madrid. Roba rápido. Controla rápido. Pasa rápido. Se desmarca rápido. Y, cuando el otro equipo tiene el balón, vuelve a recuperar rápidamente su posición. Todo esto es mérito de la calidad del Barcelona, pero también de su entrenador por quien, por cierto, yo no di dos duros en su día. Me equivoqué. El Barcelona juega al fútbol con una deliciosa "anarquía organizada".
 
Escena quinta.- Estos partidos están hechos para los grandes futbolistas. Lo dijo Eto'o antes de saltar al campo. El Real Madrid no ha perdido la Liga en el Camp Nou, pero ha dado una imagen de equipo sonado e incapaz ante los poderosos. Los gambeteos de Ronaldo ante el modesto Albacete están muy bien, pero un futbolista grande se reivindica en un partido grande. Ronaldinho fue grande. Eto'o fue grande. Deco fue grande. Puyol fue grande. Y Ronaldo fue pequeño, muy pequeño, casi insignificante.
 
Escena sexta.- Es un placer ver cómo juega al fútbol Ronaldinho. Y es un privilegio para todos que la Liga española siga captando jugadores con el marcado e instintivo sentido del espectáculo que tiene este chaval. Olé por Rosell que fue quien lo fichó. Ronaldinho tiene hambre y eso se nota en cada una de sus acciones.
 
Escena séptima.- García Remón perdió una gran ocasión de demostrarle con hechos a Samuel que el Real Madrid no es la Roma. Ningún madridista hubiera criticado al técnico si hubiera dejado en el banquillo al central argentino, pero parece que faltarle al respeto al público del estadio Santiago Bernabéu no tiene castigo. Un "perdón express" y light provocado por la intervención de García Ferreras, y hala, a casita que hace frío.
 
Escena octava.- Raúl no estuvo porque no quiso su entrenador que estuviera. Donde hace daño Raúl es arriba, arriba del todo, muy arriba. Si a Raúl le mandas que descargue sacos de cemento lo hará, pero perderá toda su efectividad sobre el terreno de juego. Obligar a Raúl a convertirse todos los domingos en una "abeja obrera" tampoco habla excesivamente bien de la ambición de quienes dirigen el banquillo. Raúl tiene que ser, junto al "9", la referencia del ataque madridista.
 
Escena novena.- No funcionó la "sala de máquinas" merengue. No funcionó Zidane, y desde luego tampoco lo hizo el tándem formado por Guti y Beckham. El inglés no es medio centro, aunque con su selección haya jugado en esa posición. Beckham es un futbolista de banda, y jugando imantado a ella es precisamente como se hizo mundialmente famoso en el Manchester United. No es que el Madrid juegue mejor sin Beckham, sino que Beckham no juega en su sitio. ¿Fallo suyo? ¿Error mío?... No. Fallo del "gato de Odessa".
 
Escena décima.- Fue encomiable la primera parte protagonizada por Luis Figo. Él solo contra todos. El portugués encara y encara y encara sin miedo a perder el balón. Él sí es don Luis Figo, uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo. Y tiene arrestos y arrojo suficientes para querer demostrarlo. ¡Y en el Camp Nou!... Las cosas le saldrán mejor o peor, pero está ahí, no es invisible como Ronaldo... ¿Y dónde está Morientes? ¿Dónde está el máximo goleador de la Champions League?... En el banquillo tan agustito, a la diestra del "gato que está triste y azul". Bien, bien, bien...
A continuación