El negocio del deporte

De aquellos "cochinazos" vienen estos "botellazos"

Juan Manuel Rodríguez
Está claro que todo el mundo preferiría que no volvieran a repetirse incidentes como los del jueves pasado en el estadio Vicente Calderón, pero sería de ingenuos pensar que nadie volverá a arrojar nunca más a un campo de fútbol un bote de cerveza, una moneda o una pelota de golf. Lo tirar la cabeza de un cerdo es más difícil. Y permítanme reconocer que estoy muy interesado en saber qué sucederá cuando el Comité de Competición (¡cuidado que viene Flórez!) pretenda cerrar un estadio. Me estoy refiriendo, naturalmente, a qué sucederá con un equipo de Primera División, porque para echarle el cierre al estadio de La Malata, por poner un ejemplo, siempre habrá "valientes" que den la cara. Competición no pudo meterle un "paquete" al Atlético de Madrid tras lo sucedido el otro día porque la justicia deportiva brilla por su ausencia en el fútbol español.
 
No estuve en la reunión del viernes del Comité de Competición, pero me jugaría la mano a que las reflexiones de sus componentes fueron, más o menos, éstas: "¿Qué lanzaron desde la grada al césped del estadio Vicente Calderón?... ¿Un bote de cerveza? ¿Una botella de whisky?... ¿Y entonces qué multa le ponemos al Atleti para que no se moleste nadie?... ¿Os acordáis de la multa que le metimos al Barcelona por arrojar aquella cabeza de un cerdo al campo?... ¿Cuatro mil euros?... ¿A vosotros qué os parece más grave, arrojar al campo la cabeza de un cerdo o tirar una botella de whisky?... ¡Hombre, en el Nou Camp, además de la cabeza del cerdo, también cayeron botellas, teléfonos móviles y pelotas de golf!... Pues entonces tenemos que multar al Atleti con un poquito menos: tres mil euritos. Hala, que salga el de prensa y se lo diga a los periodistas. Vámonos a cenar que ya es tarde".
 
Estoy seguro de que Competición castigó con tres mil euros al Atlético de Madrid porque ahora mismo el baremo de la justicia deportiva lo marca precisamente la cabeza de un cerdo. Así de simple. Conviene recordar que al Fútbol Club Barcelona le castigaron por aquellos incidentes con dos partidos de clausura para el Nou Camp. La decisión del Comité de Competición fue posteriormente ratificada por el Comité de Apelación (27 de diciembre de 2002) y el Comité Español de Disciplina Deportiva (21 de marzo de 2003). Fue entonces cuando el Barça acudió a la justicia ordinaria que, como medida cautelar, adoptó la resolución de que el acuerdo de sanción no se ejecutase mientras no se produjese una sentencia firme.
 
¡Y vaya que si se pusieron firmes!... Federación y Liga aprobaron una modificación de los estatutos que fue aprobada por la Asamblea General el 18 de julio de 2003. En 2004, el Barça desistió de continuar la pelea en la justicia ordinaria y aceptó la sanción, pero de acuerdo con la nueva redacción del artículo 118 que sustituía el cierre de los estadios por una multa económica. El 29 de julio de 2005, dos años y ocho meses después del "cochinazo", el Barça se salía con la suya... ¡Y ahora amenazan con el cierre del Vicente Calderón!... ¡Qué risa tía Felisa!... Parafraseando a Porky, aquel otro cerdito de la Warner Bros, me da la sensación de que "¡esto no es to, esto no es to, esto no es todo amigos!".
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