El negocio del deporte

Conspiración arbitral y geometría madridista

Juan Manuel Rodríguez
Victoriano Sánchez Arminio no llegó a aclarar nunca si, como publicaron en su día algunos medios de comunicación, les dijo a sus árbitros que el Real Madrid era el principal culpable de que se hubiera cambiado el sistema de designación. El siguiente paso, de confirmarse aquello, consistiría en ir preguntando uno por uno a todos y cada uno de los colegiados de la Primera División qué entendieron exactamente que les estaba diciendo su jefe aquel día. ¿Qué habría entendido, por ejemplo, Rodríguez Santiago? ¿Cabe la posibilidad de que el colegiado castellano leonés hubiera entendido que Sánchez Arminio les estaba indicando el camino a seguir?...
 
Yo creo que no convendría desechar del todo esa posibilidad y, puesto que Arminio ni desmintió ni confirmó aquella información, doy por supuesto que, efectivamente, hizo aquel comentario ante sus atónitos "empleados". Y si lo hizo no debería seguir ni un minuto más al frente del Comité Técnico de Arbitros. Tiene cierta lógica que Florentino Pérez pretenda esquivar los (muchos) problemas deportivos que tiene su equipo extendiendo por ahí la teoría de que unos errores tan descabellados como los que han protagonizado en las últimas jornadas Ramírez Domínguez o Rodríguez Santiago fueron producto de lo que se dijo en aquella reunión del mes de julio en Santander.
 
Otra cosa bien distinta es el juego del equipo. Este Real Madrid es tan blandengue y tiene tan poca chicha que Víctor Fernández, precisamente uno de los entrenadores que suenan con mayor insistencia para sustituir a "Pinganillo Man", dijo anoche mismo en "El Rondo" de Televisión Española que ese equipo era muy difícil de organizar. Debe existir sin embargo un término medio entre la organización ideal de esa plantilla, aquella capaz de extraer el máximo rendimiento a los futbolistas con los que cuente, y la desorganización perfecta que preconiza Vanderlei Luxemburgo con su patética filosofía del "cuadrado mágico". Ya digo que Luis Molowny, una auténtica institución en la casa, lo tenía así de clarito: "¿No dice usted que es delantero centro señor Santillana?... Pues salga al campo y marque muchos goles, cuantos más mejor". Y créanme que cuando el "mangas" entrenaba ya estaba inventado el fútbol. El Molowny del siglo XXI es Vicente del Bosque, pero ese ya no está. Y ninguno entendía nada de geometría.
A continuación