El negocio del deporte

Asientos en primera fila para el Braddock-Baer (II)

Juan Manuel Rodríguez

Hay una escena en "Cinderella Man", casi al final de la película, que me gusta mucho. Cuando proclaman nuevo campeón mundial a James Braddock, Ron Howard tiene el detalle de humanizar al personaje de Max Baer. Nunca es tarde si la dicha es buena. La "bestia" demuestra tener sentimientos acercándose a felicitar al nuevo campeón y susurrándole algo al oído –quizás un "enhorabuena, has hecho un gran combate"– que Braddock agradece educadamente. Howard sigue entonces con la cámara a Baer, un campeón inesperadamente derrocado pero que no ha perdido ni un sólo ápice de su altanería. Acelera el paso hacia los vestuarios, mientras el cuadrilátero estalla en júbilo por "Cinderella Man". En ese instante Baer, cubierto por su espectacular bata blanca, me recuerda mucho a uno de esos aristócratas arruinados que son conscientes de que la orquesta ya no toca para él. Es el particular homenaje que el director del film rinde al perdedor.

Eso sólo ocurre así en la película puesto que, en el combate real, Baer le da un beso a Braddock en el preciso instante en que termina el decimoquinto asalto, consciente de que acaba de perder la pelea a los puntos. Por otro lado, Howard decide que, justo en el decimoquinto asalto, sea Braddock quien finja un ligero desvanecimiento para sorprender con una contra al temible Baer que ya se avalanza sobre su víctima. En el combate real sucedió justamente todo lo contrario, siendo Baer quien, en concreto en el octavo asalto, fingió estar "groggy" para que Braddock se confiara sólo un segundo, el tiempo necesario para hacerle daño. No lo logró en absoluto. No sólo no engañó a Braddock, sino que creo que su actuación –realmente mala– tampoco engañaría a ninguno de los espectadores que se dieron cita en el Madison. Mucho tiempo después, Muhammad Alí también sería conocido por protagonizar payasadas similares a aquella sobre el ring.

Es natural que a Baer le cogiera desprevenido la actitud belicosa de "Cinderella Man". Braddock salió a por todas desde el primer asalto, siempre hacia delante, no retrocediendo jamás. Baer, mucho más corpulento que Braddock (en realidad mucho más corpulento que la mayoría de los pesos pesados de la época) estaba acostumbrado a llevar siempre la voz cantante. Aquella actitud suicida de Braddock le hizo titubear (Norman Mailer comenta que parece como si Baer estuviera exclamando, "¿sabe usted lo que está haciendo señor?") y, desde ese momento, se replantea la pelea. Baer acababa de darse de bruces con el primer hombre que no le tenía miedo.
A continuación