El negocio del deporte

Ahora que traigan una "muralla"

Juan Manuel Rodríguez
Hace falta estar loco. Hugo Gatti opina que el Real Madrid tendría que haberle dado una segunda oportunidad a Walter Samuel, pero este Real Madrid no está precisamente para ir por ahí regalando oportunidades, ni primeras, ni mucho menos segundas, como si se tratara de un reality show deportivo. Es curioso. Yo creía que, siendo defensa y habiendo nacido en Argentina, Samuel sería una suerte de central infranqueable, un tobillero expeditivo, alguien a quien podría, por fin, encomendarse con total tranquilidad Iker Casillas. Esa era la imagen que yo tenía de Walter Samuel, pero que se fue diluyendo tras comprobar cómo se situaba sobre el campo, la tremenda desorientación que tenía, lo tarde que llegaba y lo mal que lo hacía, y los patadones que pegaba para quitarse el balón de encima como si fuera un niño pequeño que quisiera alejarse del petardo que está a punto de explotar.
 
No es lo mismo jugar en el Real Madrid que hacerlo en la Roma, igual que supongo que tampoco sería lo mismo llevar la insignia de sheriff en el tranquilo Parque Nacional de Yellowstone, entre apacibles ovejitas cimarrón, que hacerlo en Tombstone, ciudad sin ley. Decía que resulta muy curiosa la idea que uno se forma sobre determinados futbolistas. Yo creía tener una imagen bastante sólida y argumentada sobre este Walter, pero los argumentos duran en el estadio Santiago Bernabéu lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio. Tras una destartalada patada al cielo y un gol de cabeza, ambas acciones protagonizadas por el defensa contra el Albacete, Samuel le hizo un feo gesto al público madridista. Ese día se acabó la trayectoria del defensa en la Casa Blanca. Ese día, querido "loco" Gatti, tu compatriota desperdició su segunda oportunidad.
 
El caso es que ha colado y el Real Madrid está a punto de hacer negocio con el Inter de Milán. Perdiendo, eso sí, siete millones de euros por el camino. Acabo de hablar con Massimo Franchi, colega del Tuttosport italiano, y él conserva aquella vieja imagen que yo mismo tuve un día de Walter Samuel. "Es un Ferrari", me dice, "y no entiendo cómo Florentino Pérez le deja escapar". Massimo sigue creyendo que el argentino es el sheriff de Tombstone, pero aquí ya sabemos que Walter Samuel no es Wyatt Earp sino John Smith, aquel guarda que trataba en vano de evitar que el Oso Yogui se pusiera fondón.  No es un Ferrari, aunque Florentino quiera venderle a una velocidad de trescientos kilómetros por hora. Adiós al "muro". Ahora que traigan una muralla.
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