Retos de la abogacía en un mundo en constante transformación

José María Viñals Camallonga

Nadie discute ya que el abogado debe adaptarse a los intereses "siempre en movimiento" de sus clientes en un constante equilibrio de gestión de expectativas. La profesión se ha ido adaptando a los nuevos tiempos y es fiel reflejo de la realidad política y social que la rodea. Es posible que la mayoría de los juristas solo coincidamos en que lo único seguro en nuestra profesión es el cambio y que la adaptación al cambio es, cada vez más, un factor determinante.

Hoy en día, la profesión se enfrenta a cuatro grandes retos, que pueden ser al mismo tiempo oportunidades y amenazas, dependiendo de la capacidad de adaptación y actitud del abogado; la globalización, la tecnología adaptada al sector legal o legaltech, las nuevas generaciones millennial de abogados que se incorporan como juniors en las firmas y la demanda -cada vez mayor- de los servicios integrados en clave one stop shop, donde se ofrece la solución legal integrada por otras disciplinas.

En una sociedad cada vez más globalizada en la que fluyen libremente no solo productos sino también servicios, cada vez nos encontramos con una mayor demanda de servicios de otras jurisdicciones. El derecho inglés y el del Estado de Nueva York son ordenamientos jurídicos comodín que gobiernan la relación entre las partes en los contratos financieros o de seguros. Son jurisdicciones garantistas y de "common law" que ofrecen confianza a los mercados y que todos esperamos ver en determinadas operaciones. El derecho holandés y suizo estarían en una segunda línea, muy por detrás de los dos primeros. También, los tribunales arbitrales desplazan cada vez más a los jueces y tribunales ordinarios por su rapidez, ausencia de segunda instancia, su especialidad y dedicación de los árbitros. Los grandes centros de disputas comerciales se encuentran en París, Londres, Nueva York, Washington D.C. o Estocolmo. Por desgracia, ni el derecho español ni las cámaras españolas de arbitraje compiten a nivel internacional y esto lleva a nuestras firmas a buscar alianzas con "best friends" en estas jurisdicciones para competir con las firmas globales que pueden ofrecer un servicio multijurisdiccional unificado y homogéneo. Aquellas firmas que puedan conseguir "best friends" y familiarizarse con las normas y foros que imperan en los contratos internacionales podrán seguir a sus clientes y coordinar su actividad internacional. Aquéllas que no puedan, corren el riesgo de verse relegados a los asuntos domésticos y dejar en manos de competidores la actividad internacional de sus clientes.

La irrupción de la tecnología adaptada al sector legal en forma de modelos, bases de datos compartidas, seguridad ante ciberataques o filtraciones de información, los procesos automatizados en sustitución del trabajo intensivo facturado en horas y de poco valor añadido que tradicionalmente realizaban abogados más juniors, consigue por un lado ofrecer una seguridad y estándar de fiabilidad más alto y al mismo tiempo reducir los costes. La figura del abogado programador capaz de desarrollar contratos en leguaje de programación en los que se activen determinadas cláusulas y procesos de forma automatizada, constituye una novedosa alternativa a los servicios tradicionales. Donde antes se requería un equipo completo de abogados para realizar una due diligence, hoy puede llevarse a cabo mediante un software que identifique los aspectos de interés. La inversión en estas tecnologías y la formación en legaltech pueden suponer una barrera de entrada para firmas más modestas o profesionales autónomos. No obstante, abogados independientes y pequeñas firmas empiezan a colaborar para –de forma conjunta- coinvertir en la tecnología necesaria para poder competir.

El modelo de despacho híbrido o que ofrece –aparte de los servicios legales- otros servicios relacionados con la actividad legal, como pueden ser de consultoría financiera, banca de inversión, estratégica o de gestoría, puede ser una solución para profesionales independientes o firmas más pequeñas que buscan sinergias y ofrecer multiservicios a sus clientes, tanto para captarlos como para fidelizarlos. Es lo que se llama one stop shop y puede suponer un factor diferencial a la hora de competir con firmas tradicionales que sólo ofrecen servicios jurídicos. Cada vez más, la sociedad demanda servicios integrados o llave en mano. Plataformas multiservicio como Amazon han servido de inspiración para articular este tipo de despachos.

El cuarto reto, y quizás el más complicado, es el de la gestión y retención de talento. Abogados jóvenes de entre 24 y 28 años se incorporan todos los años como juniors en los despachos. Se espera de ellos excelencia y disponibilidad. El sector servicios por lo general se adapta a las necesidades de los clientes y, cada vez más, competimos no solo con firmas españolas, sino con firmas extranjeras que cuentan con regulaciones laborales más flexibles y adaptadas a las necesidades concretas de la profesión, así como esquemas fiscales más atractivos. Por otro lado, la generación millennial ha roto los moldes de generaciones anteriores. Valoran, entre otros factores, su capacidad de organización, trabajar en ambientes transversales frente a los jerárquicos, la expectativa de crecimiento personal y profesional (que incluso puede resultar más atractiva que la remuneración) o la curva de aprendizaje. Son factores determinantes que llevan a iniciar un proyecto o a cambiarse a otro más atractivo. Retener el talento no solo consiste en retribuir convenientemente, sino que los jefes de equipo deben contar con un liderazgo millennial, así como la inteligencia emocional necesaria para adelantarse a las necesidades de los abogados de su equipo. Una buena gestión del talento puede hacer crecer y solidificar un equipo o una firma. Por otro lado, la dejadez o utilizar esquemas tradicionales de liderazgo puede llevar al envejecimiento y ausencia de relevo generacional de una firma. Gestionar abogados altamente cualificados, con altas expectativas de crecimiento y de desarrollo personal es sin duda el reto más complejo. Para ello, entendemos conveniente adaptar la legislación laboral y fiscal a la singularidad de la profesión, así como a los intereses de las nuevas generaciones. Dicha adaptación normativa, junto con medidas eficientes de teletrabajo, conciliación, independencia a la hora de organizar el tiempo para conseguir los objetivos y una gestión del talento modulable, son piezas decisivas para que nuestros bufetes puedan competir en igualdad de condiciones en mercados cada vez más complejos y globalizados.

Los retos pueden tornarse en oportunidades y existen ejemplos de despachos que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Jóvenes, como los que formamos en el Grado en Derecho de ISDE, con ganas de innovar y romper esquemas preconcebidos –muchas veces de la mano de nuevas tecnologías- encuentran su espacio en el mercado y convierten en oportunidades lo que para otros son barreras insalvables. Si además somos capaces de crear un marco legal, fiscal y laboral motivador, no solo retendremos nuestro talento, sino que podría llegar un momento en el que seamos capaces de atraer talento de fuera que –a su vez y por qué no- pudiera atraer operaciones y resolución de disputas comerciales internacionales.

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