El BCE dejará de comprar deuda y Sánchez tendrá que reducir el gasto

José María Rotellar

Tras el ligero descenso de deuda de enero, debido a un mero ajuste técnico entre las refinanciaciones y las amortizaciones, no porque descendiese realmente, pues déficit sigue habiendo, en febrero se ha avanzado hacia los 1,5 billones de euros, tras alcanzar los 1,442 billones de euros de endeudamiento.

Este grave problema, al que no parece darse mucha importancia, puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla una vez que el BCE deje de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto.

Hemos mencionado reiteradamente el problema del gasto, con el déficit estructural, construido sobre un gasto desmedido, que se ha ido consolidando en el tiempo, como principal problema. Sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en todas las administraciones públicas, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad.

De esa manera, el déficit estructural español se sitúa ya en más de cinco puntos porcentuales sobre el PIB, elemento que señala un grave desequilibrio de la economía española. Como vengo diciendo, el endeudamiento se ve con naturalidad, como si fuese lo más normal del mundo. Una cosa es que se haya vuelto permanente el recurso al endeudamiento y otra muy distinta es que eso deba convertirse en una práctica normal.

Esa asunción de dicha supuesta normalidad se recoge, mes tras mes, en las estadísticas de endeudamiento de las AAPP que publica el Banco de España. Mes tras mes las recogemos aquí y, mes tras mes, comprobamos que la tendencia no para de crecer. La tendencia sigue siendo alcista -y así seguirá mientras siga habiendo déficit, pues la deuda no es más que el sumatorio de los distintos saldos presupuestarios de cada ejercicio- con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone.

La deuda sigue su camino hacia los 1,5 billones de euros, que supone el 110,17% del PIB español sobre la estimación de crecimiento de PIB nominal del Gobierno a partir del dato de cierre de 2021, publicado por el INE, así como su previsión de déficit en 2022 que aparece en el cuadro macroeconómico. Aunque es obvio que el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitigará el cociente, como vemos al utilizar el dato de previsión del año (1,306 billones de euros), sigue siendo muy elevado porcentualmente y, lo que es más preocupante, creciente en valores absolutos.

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Es más, como la previsión de déficit para 2022 es del 5%, eso supone incorporar una mayor deuda en 2022 de 65.435 millones de euros. Eso quiere decir que como se ha incrementado ya en estos dos primeros meses en 14.549 respecto al cierre de 2021, el endeudamiento se incrementará en los diez meses restantes del año en otros 50.800 millones, de manera que la deuda llegará casi a los 1,5 billones de euros (1,493 billones) y el endeudamiento sobre el PIB se situará en el 114,1% del PIB.

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Lo decimos mes tras mes y volvemos a insistir: parece haberse instalado en España la sensación de que el gasto no es un problema, sino que éste se soluciona con impuestos y si la recaudación de éstos no basta, se cubre con deuda. Los gestores políticos no se paran a pensar que la subida de impuestos genera distorsiones en la economía -y, además, cuando los suben lo hacen en los impuestos directos, que son los que más perjudican a la actividad económica y al empleo, cuando, aunque lo preferible es no tener que subir ningún impuesto, de tener que incrementar alguno, lo neutral desde el punto de vista económico sería bajar mucho los directos y las cotizaciones y elevar indirectos-.

Sin embargo, vemos cómo las cotizaciones se incrementan, frenando el empleo. Tampoco quieren caer en la cuenta de que el endeudamiento tiene un límite, que estamos sobrepasando ya de manera muy importante, por mucho paraguas que tengamos de la eurozona, donde las compras del BCE van a cesar. Nada los frena, pues sólo quieren prometer, en todos los ámbitos, más y más medidas que no nos podemos permitir por la sencilla razón de que el gasto que suponen no lo podemos pagar. Es repetitivo sobre lo afirmado cada mes, pero es necesario hacerlo, porque el Gobierno parece no querer darse cuenta o piensa que todo lo resolverá la UE.

Todo ello, nos lleva a que desde que gobierna Sánchez la deuda se ha incrementado en 284.447 millones de euros. Durante el primer año, aumentó en 38.688 millones, y al cabo de casi cuatro años de mandato el incremento es de casi 285.000 millones de euros.

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Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los casi cuatro años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en 5.995 euros, más de siete veces el incremento del primer año.

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O visto de otra manera: en el primer año, la deuda se incrementaba a un ritmo de 105,99 millones de euros al día. Ahora, tras casi cuatro años de Gobierno de Sánchez, la deuda crece 207,78 millones de euros cada día.

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De esa manera, nos encontramos con un incremento exponencial del gasto y un descenso notable del PIB, en un entorno económico complicado, de elevada inflación -la mayor desde hace treinta y siete años-, fuertes costes energéticos -que están propagando ese incremento de precios por toda la cadena de valor-, marco macroeconómico irreal y expectativas endebles.

Urge un ajuste importante que sitúe a nuestra economía en el nivel de gasto que se puede permitir. Es imprescindible acometer reformas que nos permitan aumentar el crecimiento potencial de nuestra economía y que éste sea sostenible, no sostenido artificialmente. O se logra hacer eso o el drama será mucho peor cuando se vea que no se puede afrontar tanto gasto, porque entonces el recorte habrá de ser mucho más intenso. No nos cansaremos de repetirlo mes tras mes, aunque con ningún éxito, como los datos muestran un mes más, pues el Gobierno incrementa el gasto a largo plazo, consolida el déficit estructural y aumenta la tendencia creciente de la deuda de manera irresponsable.

Es imprescindible, por tanto, reducir el gasto, porque es el origen del problema y vuelve insostenible el mantenimiento de la estructura económica con semejante endeudamiento. Sólo la reducción del gasto puede comenzar a solucionar este grave problema, del que prácticamente nadie habla.

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