Sánchez lo ha hecho todo mal: los tres escenarios a los que podría llevar a la economía española

José María Rotellar

Desde hace semanas, al analizar las medidas económicas que el Gobierno iba anunciando, he mantenido que tiempo habría, cuando se superase la enfermedad, para analizar detalladamente el motivo por el que se ha llegado hasta esta terrible situación, tanto desde el punto de vista sanitario como económico, ya que convenía que se centrasen todos los esfuerzos en salir de la penosa situación que vivimos. Pensaba que era lo adecuado y así lo he venido haciendo, sin dejar de valorar -positiva o negativamente- las medidas económicas que se detallaban, pero sin entrar a calificar la gestión global o el motivo que nos ha conducido a las circunstancias actuales.

Si embargo, el presidente del Gobierno quiso entrar en valoraciones en su discurso en el Congreso el Jueves Santo, cuando acudió a pedir la aprobación de la prórroga del estado de alarma y la convalidación de tres reales decretos-ley. Para el presidente Sánchez, el Gobierno lo ha hecho todo bien, incluso lo que podría atisbarse como autocrítica, que enseguida se vio que no lo era: la crisis ha sorprendido a todos, pero España reaccionó la primera, o que nuestro país está siendo puesto de ejemplo en el mundo en la manera de combatir la pandemia, son algunas de las ideas que deslizó el jefe del Ejecutivo.

Una vez que Sánchez ha considerado que se puede hablar sin problema de la gestión del coronavirus de su Gobierno, no se hace ya necesario aplicar la cortesía autoimpuesta para dejarlo hasta que pasase la crisis sanitaria, de manera que vamos a analizar con detalle esa actuación gubernamental. Si Sánchez quiere hablar de gestión, hablemos de ella.

El Gobierno ha hecho todo mal

El Gobierno ha hecho todo mal. Es casi imposible que se pudiese hacer peor. Desde no dar importancia a la posible conversión del virus en pandemia (en eso es en lo único en lo que posiblemente todos lo hicieron mal), hasta no tomar ninguna medida de cierre de fronteras a ciudadanos procedentes de China, primero, o de Italia, después. Es más, la izquierda llamó racistas a quienes proponían dicho cierre de fronteras para preservar a España del posible contagio o, por lo menos, controlarlo más. Tampoco adoptó medidas que protegiesen a los grupos de riesgo y que permitiesen mantener activo el resto del país.

Desatendió después las indicaciones de diferentes organismos e instituciones para impedir la celebración de grandes concentraciones de personas. Documentos publicados en diversos medios de comunicación muestran cómo había recomendaciones de impedirlos días antes de la manifestación del ocho de marzo, donde decenas de miles de personas se reunieron. Es cierto que hubo otras concentraciones, que no deberían haberse producido, pero también fue responsabilidad del Gobierno no evitarlo, todo para no tener que cancelar la concentración política del domingo ocho de marzo, la cual, incluso, incentivaron. En dicha manifestación tuvo que haber miles de contagios, que incrementaron una semana después el número de infectados, poniendo contra las cuerdas a la sanidad. La mujer del presidente del Gobierno, una vicepresidenta y dos ministras resultaron infectadas, eso que sepamos.

Del mismo modo, tampoco hicieron caso a las instrucciones internacionales para aprovisionarse de material sanitario, como respiradores, mascarillas, test rápidos o equipos de protección. Nada. El Gobierno no hizo nada, y cuando quiso hacerlo, tarde y mal. De ahí, pasamos a la frivolidad de la ministra de Exteriores al decir que los test rápidos que compraron que no sirven para nada -y que siguen sin decir a quién se lo compraron- eran una ganga.

De ahí, a las denuncias de distintas comunidades autónomas sobre las retenciones que el Gobierno estaba haciendo en Aduanas, de manera que no llegaba el material que ellas mismas compraban, sin hacerlo tampoco lo supuestamente comprado por el Gobierno, pues se ha demostrado la incapacidad del titular de Sanidad como responsable de compras centralizadas y como gestor en esta crisis.

En lugar de tomar medidas preventivas que protegiesen a los grupos de riesgo y mantuviesen el ritmo económico al máximo posible, como he dicho, no hicieron nada y, después, mataron moscas a cañonazos al dejar crecer el problema de tal manera que ya se precisaban medidas durísimas para que no colapsase la sanidad. Cerraron por decreto la práctica totalidad del sistema productivo, provocando lo que puede ser la ruina de muchas empresas.

Después, dijeron que iban a facilitar 100.000 millones de euros en avales, en lugar de haber elegido alguna otra medida más eficaz, pero podría haber sido válida, pero una semana después deciden trocearlos y sacarlos de 20.000 en 20.000 millones, cuando ya están gastados casi la totalidad de lo anunciado y se precisaría que el Gobierno garantizase liquidez ilimitada. En lugar de eso, se dedica a prohibir el despido, con el que se asfixia más a las empresas, y a tratar de imponer una renta mínima para la que no hay dinero. Si no lo hay casi para pensiones, cómo lo va a haber para dar entre quinientos y ochocientos euros al mes a cinco millones de personas, como pretenden.

Han de centrarse en medidas de oferta, pues es la oferta, con su sistema productivo, el que han parado por decreto. Si éste se muere, no se recuperarán los empleos y a la crisis de oferta le seguirá una de demanda, que desencadenará otra de oferta, que agravará la de demanda, y así sucesivamente. Parecería que el Gobierno o, al menos, su parte morada, quiere aprovechar esta crisis para llevar a cabo sus planes. Podemos lo ha dicho bien claro en Twitter: "El Gobierno de coalición prohíbe los despidos aprovechando el #coronavirus".

El problema es que eso no se queda ahí, porque el propio presidente del Gobierno no deja de repetir que después de esta crisis hay que reforzar el sector público, lo que implicaría un mayor gasto que no nos podemos permitir. Bastante tendremos con afrontar el nuevo endeudamiento que será necesario ahora para mantener en pie al tejido productivo. No hay margen para ello. Si eso son sus Pactos de La Moncloa, con Podemos de guía político y económico, no podrán llevarse a cabo, porque sería el camino más rápido hacia el desastre.

Sánchez no está generando confianza. En lugar de realizar ya test rápidos y conseguir el aislamiento de los contagiados (sin imponerles confinamientos obligatorios fuera de su hogar, como también llegaron a decir, cosa que atentaba contra la libertad de las personas), se enroca en un encierro de todos los ciudadanos (cuya medida es dudosa en la medida en la que se ha tomado, ya que dicha reclusión suspende un derecho fundamental, que, según la Constitución, en su artículo 55, sólo puede hacerse a través del estado de excepción, no de del de alarma) que lleva a la economía al abismo.

Tres peligrosos escenarios

Así, nos podemos mover en una caída entre el 4,59% (primer escenario) y el 10,6% (tercer escenario), con un escenario central del -6,7% (segundo escenario), dependiendo de que se levantase la prohibición de despedir y fluyese la liquidez, generando confianza, que se levantase la restricción de la prohibición de despedir, afectando las grandes restricciones sólo durante un mes a la economía, y llevando esas restricciones a un mes y medio, sin generar confianza y sin dotar de suficiente liquidez a las empresas, que destruiría nuestro tejido productivo, respectivamente.

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Esa caída del PIB nos llevaría a tener 1.376.000 parados más (escenario uno), 2.042.000 parados más (escenario dos) o 3.448.000 parados más (escenario tres), que haría que la tasa de paro se moviese entre el 19,72% y el 28,67%.

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Eso nos llevaría a tener entre 4.567.900 parados y 6.639.900 parados.

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Si la economía se hunde, la responsabilidad será de Europa

Tras la pésima gestión sanitaria por una mala previsión que no ha permitido proteger a los más débiles y limitar el efecto de contagio, se le ha unido el impacto económico agravado en España por las erróneas decisiones adoptadas, al optar por cerrar la economía en lugar de aprovisionarse de millones de test rápidos para hacerlos y acotar el problema. No se trata de responsabilizar al Gobierno de los fallecidos -aunque habría que haber visto a la izquierda en una situación idéntica si quien gobernase fuera el PP; por actuaciones anteriores podría intuirse que las calles, pese al encierro, estarían ardiendo y que muchos llamarían asesinos a los miembros del PP, como cuando sucedió en el atentado del 11-M o cuando hubo que sacrificar a un perro por la crisis del Ébola-, pero sí que son responsables de la nefasta gestión que están aplicando, de la ruina económica que ello está provocando y de la mayor ruina, todavía, que provocarían las medidas de incremento de gasto estructural si a medio plazo se aplicasen las recetas de Podemos, que no puede seguir en el Gobierno si se quiere reconstruir nuestra economía, porque sus propuestas son nocivas.

Un día dicen que no son necesarias mascarillas, y al poco tiempo, que sí. Y así todo, escudándose en un grupo de técnicos cuyos informes no conocemos. No nos han mostrado, por ejemplo, si han realizado algún estudio de correlación entre el encierro y el fin de la enfermedad o si ello sólo sirve en el corto plazo para que no colapse la sanidad, pero de nada a medio plazo sin que adopten medidas eficaces, como la de los test. Pero ellos lo han hecho todo bien, como dijo Sánchez, y no tienen nada de qué arrepentirse, como dijo Grande Marlaska. Si falla algo, la culpa será de la Comunidad de Madrid. Si la economía se hunde, la responsabilidad será de Europa. Si se incrementa el número de contagios, los responsables serán los ciudadanos, que no habrán respetado el encierro (por cierto, hasta qué punto han inoculado el odio en muchas personas, que actúan como denunciantes, como si se volviese a ese horror de delatores de tiempos de la guerra civil, cuando no saben las circunstancias por las que una persona ha tenido que salir a la calle). No protegieron a tiempo a los grupos de riesgo, con acciones rápidas, cierran la economía, y ahora muchos mayores pueden caer en depresión por verse encerrados, o con problemas de movilidad, si necesitan ejercicio diario, o de incremento de enfermedades cardiovasculares, por aumento del colesterol, al tiempo que muchos españoles pueden acabar en el paro. Pero todo será culpa del resto, porque el Gobierno todo lo ha hecho bien, según Sánchez.

Una mala gestión económica tras una mala previsión sanitaria a tiempo, antes de que llegase la enfermedad. Si se hubiesen fijado en lo que en 2005 dijo George Bush (pero, claro, lo odian), mejor nos habría ido.

El presidente Bush dijo claramente que había que prevenirse frente a un virus antes de que se convirtiese en pandemia, porque, si no, una vez que lo fuese, ya sería muy doloroso para todos, en términos de fallecimientos y de caída económica. Desgraciadamente, no ha sido el caso del Gobierno español, que deberá rendir cuentas en cuanto se empiece a salir de esta catástrofe, aunque ya han puesto en marcha su campaña insultando a la Comunidad de Madrid y al PP y a todo el que, pese al apoyo por sentido de Estado a los decretos de alarma, no les dice que sí a sus propuestas de ruina. Sánchez ha querido hablar de gestión. Ahí lo tiene.

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