Ni maquinaria ni bienes de equipo, la prueba de que las expectativas de la economía empeoran

José María Rotellar

El INE ha publicado los datos de Contabilidad Nacional Trimestral de España del primer trimestre de 2020, tras haber ofrecido un avance de los mismos en abril. No hay cambios en el agregado, pues se mantiene igual, pero sí que hay algunas variaciones preocupantes, por el empeoramiento de expectativas que arroja.

El primer cambio viene dado por el empeoramiento de las previsiones de crecimiento de la inversión en maquinaria y bienes de equipo intertrimestral. Así, si en abril estimaban una caída del 3,5% intertrimestral, ahora estiman una caída del 8%. Esto es significativo desde el punto de vista de las expectativas, pues la inversión en maquinaria se realiza conforme a la previsión de futuras ventas; si éstas son malas, se reduce la inversión, ya que habrá que disminuir la producción.

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Y no hay mejores noticias para el segundo sector español en tasa interanual, ya que también empeora y dobla la previsión de abril: si entonces preveían que cayese un 4,1% interanual, ahora estiman la caída en un 8,6% interanual.

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Del mismo modo, y en la otra cara de la moneda, el sector que más inversión precisa, la industria, se ve afectado también por esas malas expectativas, al empeorar la estimación de su caída.

De esa manera, la industria cae un 6,5% intertrimestral, el triple que la caída estimada en el avance de abril (-2,7%). Es, como decimos, coherente con el empeoramiento del comportamiento de la inversión en maquinaria, pues la industria es la más ligada a ella. Denota también empeoramiento de expectativas, por incertidumbre e inseguridad.

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Por su parte, el comercio no empeora mucho (sólo dos décimas respecto al avance de abril), pero con ello constata que no se recupera y cae un 11,1% intertrimestral. Esto es inquietante, al ser una rama de actividad esencial para nuestra economía.

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En definitiva, son datos desastrosos, que sólo son el triste preámbulo de lo que está por llegar en otoño si el Gobierno no reactiva de manera importante la actividad productiva, generando confianza y eliminando restricciones. España necesita reformas y retornar a la cordura económica, lejos de experimentos populistas, que sólo desestabilizan la inversión, el crecimiento y el empleo.

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