Córcega capital Girona

José María Albert de Paco

En octubre de este año, el semanario satírico Charlie Hebdo calificó en portada a los independentistas catalanes de idiotas en grado superlativo. "Más idiotas que los corsos", decía exactamente el titular. En el dibujo central, tres encapuchados con un estandarte del Frente de Liberación Nacional de Córcega (en una escenografía que recordaba la que ETA disponía en sus vídeo-comunicados) discrepaban airadamente de la supuesta superioridad catalana: "¡Exigimos un debate!". No les faltaba razón.

Este domingo, la coalición nacionalista Pè a Corsica (Por Córcega), que reivindica un estatuto de autonomía, la cooficialidad de la lengua corsa (un dialecto italiano) y la amnistía de los llamados presos políticos, obtuvo el 45% de los votos en la primera vuelta de las elecciones regionales. El más que previsible triunfo de Pè a Corsica en la segunda vuelta proyecta sobre Francia, paradigma del Estado centralista, la amenaza del secesionismo.

Entre los rasgos identitarios sobre los que se fundamenta el nacionalismo corso figuran, además de la insularidad y el idioma (que ha legado al mundo la palabra vendetta), la criminalidad. A la violencia que ejercen de antiguo los clanes mafiosos, y que hunde sus raíces en el bandolerismo dieciochesco, se añadió a mediados de los setenta del siglo pasado la del FLNC y su ristra de facciones, adherencias y disidencias, a menudo enfrentadas entre ellas. De resultas, Córcega quedó atrapada en una tupida red delincuencial en que los intereses de los hampones tendieron a confundirse con los de los terroristas, a quienes, no en vano, se solía designar en los medios afines como "bandoleros", en lo que bien podría ser una flexión mediterránea de la voz gudari. El devaneo autorreferencial también cursa a la manera vasca: los corsos mataban para que se reconociera su particularidad, que consistía sustancialmente en que mataban. Hoy, con el FLNC en la reserva, los herederos de la mítica French Connection se cobran no menos de 20 vidas anuales.

El otro gran hecho diferencial respecto al Hexágono es la pobreza. Con poco más del 0,4% del PIB francés, una tasa de desempleo superior al 10,5% (más de un punto por encima de la media del país) y el 25% de la población sumido en la pobreza, sólo el bombeo de subsidios estatales, que adoptan la forma de exenciones insulares, subvenciones varias y nóminas de funcionarios (uno de cada cuatro corsos se halla empleado en la Administración) evita el colapso de la economía corsa. Por su parte, la UE acordó en 2014 insuflar a la región 245 millones de euros en seis años.

Así, la principal y cuasi única fuente de ingresos al margen de las dádivas de París y Bruselas es el turismo, un sector infradesarrollado en razón del reglamentarismo paleoecologista, la atávica extorsión de la cosa corsa y el goteo de sabotajes de los nacionalistas, que ven en este modelo de desarrollo un disolvente de la identidad. De hecho, entre las reivindicaciones de Pè a Corsica se cuenta también la instauración de una ley de residentes que obligue a vivir en la isla para ser propietario.

Ningún político francés ha sido tan claro respecto a la cuestión corsa como el exsocialista Jean-Pièrre Chevènement, quien dimitió en 2000 del cargo de ministro del Interior con Lionel Jospin por su frontal desacuerdo con la política de cesiones a la región. "Si se acepta la creación de una Asamblea legislativa corsa, ¿por qué no una vasca o bretona?", alegó entonces, no sin denunciar "el problema que representan para las democracias las minorías violentas". Doce años después, y a propósito del asesinato del abogado independentista Antoine Sollacaro, en una cadena de atentados y ajustes de cuentas que tuvo en vilo a la República, Chevènement cargó de nuevo contra la trama mafioterrorista corsa y la condescendencia de las autoridades estatales: "París ejerce con Córcega una tolerancia dañina, y se produce un uso bastardo de los medios de comunicación que trata de favorecer al independentismo como fuente de progreso y futuro para la isla. La juventud corsa ha sido abandonada a un adoctrinamiento que se realiza por todos los canales de comunicación, France 3, France Bleu Frequenza Mora, rectorado, universidad... Abandonados a la propaganda". El diagnóstico, salta a la vista, se acomoda a Cataluña con tanta naturalidad que aun desmiente la singularidad de que se ufanan unos y otros, sumidos, al cabo, en el mismo extravío moral, de tan parecidas hechuras que se diría de fábrica. Ambos son, por lo demás, asuntos internos; a fuer, claro, de europeos.

(Coda: "El vandalismo me indigna. Cuando me enteré de que los incendios habían sido provocados y escuché a una abogada independentista asegurar con un orgullo malsano que Córcega sería una roca desértica pero libre, mi primer impulso fue abandonar una región en la que los nativos eran tan estúpidos como para quemar su casa. Pero Jacques me aseguró que era algo más complicado que eso, que en todos lados había problemas y que no había que bajar los brazos ante la primera dificultad que surgiera". La desesperación de los simios y otras bagatelas. Memorias. Françoise Hardy).

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