Cataluña misteriosa

José María Albert de Paco

Señales que propician un marco más favorable para el entendimiento. Indicios casi inapreciables, que se abren paso, todavía tímidamente, entre la maleza de habituales recriminaciones. Gestos que invitan a pensar en la posibilidad de un deshielo, oh, invernal. Un arrumaco inesperado, una media sonrisa, una mirada noble. No es tanto lo que se dice cuanto lo que se insinúa. Se trata, sobre todo, de lo que ahora, en la aurora de esta nueva era, parece ya inconcebible.

Tales son las premisas en que se basa el Gobierno para reconducir el mal llamado problema catalán, y que en apariencia tanto difieren de aquella admonición profesoral de Xavier García Albiol: "La fiesta se ha acabado". En apariencia, digo, porque ambas actuaciones, la afable y la avinagrada, presentan idéntico rasgo concluyente: el desprecio por la política, al que el Gobierno añade el de la realidad.

No en vano, mientras la Alta Comisionada para Asuntos Catalanes abría consultorio en Barcelona, éstas eran las noticias que, respecto a su negociado, traía la prensa: "La Asociación de Municipios por la Independencia envía un díptico a 400 ayuntamientos de todo el mundo para explicarles el proceso independentista catalán", "La CUP desafía al juez por la quema de fotos del Rey", "El Diplocat hará de 'observador internacional' en las próximas elecciones legislativas de Macedonia", "Puigdemont convoca para el 23 de diciembre la cumbre sobre el referéndum que exigía la CUP". Ninguna, insisto, tiene más de 24 horas. Al margen del plano institucional, se ha conocido la existencia de un vídeo de un colegio de Cambrils en que el profesor, a cuenta de una teatralización de Els Segadors donde no hay una sola verdad, inocula a niños de 5-6 años el odio a España.

La incapacidad del Gobierno para encarar el nacionalismo no supone ninguna novedad. Lo que sí es novedoso, aunque se viera venir, es que la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, se congratule por el "cambio de discurso" y exija "medidas concretas". Que un partido, en suma, que se fundó para combatir el nacionalismo, sea hoy el intermediario del chantaje.

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