Señora de rojo sobre fondo gris

José Luis Roldán

Así, como el título de la novela de Miguel Delibes, es el gobierno de doña Susanita. Ya dije que la nueva presidenta -ahora sí; ya no lo es in pectore, aunque pudiera- es hija del chavismo (es decir, la versión paleta, pícara y degradada de la socialdemocracia) y el zapaterismo (o sea, el marxismo radical reinterpretado en la Escuela del Jardín, fundada por míster Chance).

La grisura caracteriza este gobierno, como casi todos los de la era Chaves; sobre todo ahora que la espiga descollante de Planas ha sido convenientemente segada, haciendo honor a la primera ley del socialismo: que nadie destaque en la mediocridad. Y sobre lo gríseo, el contraste de la rojez zapateril, que encarna la encarnada presidenta. Más rojita que ninguna, dicen todos al mirarme…

Quien sepa leer lo que hay detrás de las rimbombantes reseñas biográficas de los miembros -y miembras- de este primer gobierno susanista podrá comprobar que sólo hay mediocridad y escaso mérito; sólo aparato, clientelismo y dedo ajeno; o sea, salvo la marca de treinta años de régimen, nada; o, en palabras de Borges, helada y laboriosa nadería. Eso y una fuerte deriva ideológica, propiciada, eso sí, por la condición totalitaria del socio/cómplice.

Con tales ingredientes, forzoso es que la acción de gobierno siga la derrota que marcó el zapaterismo; esto es, radicalizar el discurso, generar fractura social y alimentar la confrontación. O dicho de otro modo, usar la ideología como manto para encubrir la inoperancia y la mangancia. Porque aquí, después de más de treinta años de gobierno socialista, podemos decir aquello que cantaban Les Luthiers:

Nuestro pueblo tenía hambre y no teníamos libertad; y aunque ahora tenemos hambre… no tenemos libertad.

El susanato con sus primeras medidas de gobierno sigue caminando por la misma senda oscura, profundizando en el totalitarismo, hundiéndonos en la miseria moral y material; aunque arteramente pretenda hacer creer al mundo que con su gobierno se ha iniciado la afable revolución socialista del tercer milenio.

El susanato ha comenzado su andadura del mismo modo en que terminó el griñanato: con la cantinela de la función social de la propiedad; que es como el régimen denomina las expropiaciones arbitrarias de viviendas y fincas (siendo la Junta el principal poseedor de viviendas vacías y fincas improductivas de Andalucía), el expolio de los ahorros de los moribundos (cuando aún estamos esperando que Chaves muestre las liquidaciones del impuesto de donaciones, esas que insinuó haber hecho a sus hijos, cuando declaró que, después de vivir de gañote -comida, casa, coche, vivienda, sueldo y dietas- durante décadas sólo poseía 3.000 euros) y los asaltos a los supermercados (cuando, según la propia Junta, los libros, el material escolar y los alimentos son gratis para los niños de familias sin recursos; aunque -puesto que desde el gobierno justifican los robos- debe tratarse de otra de esas mentiras de la propaganda socialista, como el sueldo de las amas de casa o las habitaciones individuales en los hospitales públicos).

Y es que al régimen socialcomunista le obsesiona y le molesta la propiedad, la ajena. Ya escribí sobre el asunto y reproduje estas redondillas sobre Proudhon:

Proudhon, autor nada bobo,
hace tiempo publicaba
cierto libro en que afirmaba:
"La propiedad es un robo".

Lo vi en el aparador,
entré, lo compré, lo abrí,
y en la portada leí:
"Es propiedad del autor".

Algo parecido vi el otro día en un documental sobre alimentos transgénicos. En él se criticaba duramente que las semillas pudiesen tener copyright, cuando al término del documental pude leer con estupor: "Este programa está protegido por derechos de propiedad intelectual". Estas anécdotas dan idea cabal del concepto de estos sujetos sobre la propiedad, y de su coherencia y rectitud intelectual y moral.

Decía un personaje de una novela de John le Carré que la próxima revolución comenzaría con unos acordes de J. S. Bach; se equivocaba, no tuvo en cuenta esta Andalucía de charanga y pandereta. Así pues, no Bach; el susanato ha comenzado su revolución con un fondo de flamenco tabernario: "Estamos tan a gustito… ¡arsa, miarma!". ¿Acaso era de esperar otra cosa?

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