Asalto al BBVA

Vuelve Luis Candelas

José García Domínguez
El PSOE huyó del marxismo por la puerta de incendios cuando Omar Torrijos le enseñó a Felipe aquel enorme baúl repleto de billetes y después le explicó que su Panamá era una economía de libre mercado. La conversión no sólo fue sincera sino que, además, devino fulminante. Tanto que, al día siguiente, ya estaban televisándose dos sujetos con unas gabardinas así como muy Nouvelle Vague, vaya como de Albert Camus meditando sobre el Plan General Contable, diciendo que iban a reventar la banca. Y Boyer, susurrando que Ruiz Mateos se iba a enterar de quién era Adam Smith; y otro que tampoco andaba muy puesto en la Escuela escocesa, el Guerra, berreando que eso, eso, que Rumasa p´al pueblo.
 
En realidad, ocurrió que la indigencia intelectual de los dirigentes del partido, históricamente más pertinaz que las sequías del franquismo, los empujó a sustituir urgentemente el catecismo del sablista de Engels por las enseñanzas de Prhudon. Total, que retiraron de los anaqueles de Ferraz todos los ejemplares que quedaban de El capital y los sustituyeron por una remesa de La propiedad es un robo. Después, los compañeros que pasaban por allí leían el título, lo memorizaban bien, y listos. Así de sencilla resultó la digestión de su propio Bad Godesberg a aquella famélica legión que entendería clarividentemente en qué estaba pensando el otro al pontificar de repente sobre las virtudes del sistema occidental.
 
Más tarde, todavía hubo de aparecer Solchaga para dejar claro, por si en alguna agrupación de provincias aún no lo habían captado, que éste era el mejor país para hacerse rico en media hora. Y en eso llegó Rodríguez, que se iba a llevar por delante el felipismo–prhudonismo (pensamiento Botejara). Porque ahora, en las políticas de cintura para abajo, las opciones a bendecir serán competencia exclusiva del Pettit ese, pero de junta general de accionistas y consejo de administración para arriba, la doctrina va a ser muy castiza. Y es que aquí, la filosofía de política económica ya es el coto vedado de Ramona Maneiro.
 
En la Comisión Nacional del Mercado de Valores han encargado una edición crítica de Del asesinato considerado como una de las bellas artes, más que nada porque Manuel Conthe fue a una escuela de pago, y quiere que se note. Pero la ortodoxia genuina, la que brota directamente de La Moncloa, como se acaba de decir, no pasa por el esteticismo decadente de Tomás de Quincey. Nada de eso, en materia de libertad económica y derechos de propiedad, Rodríguez sólo cree en lo que los teóricos ya llaman el óptimo de Maneiro: en una mano el botellón de cicuta a granel y en la otra, por si acaso, una buena cimitarra. Han comenzado por la be, la uve y la a, luego irán diccionario adentro. Será el próximo paso, cuando la fundación Luis Candelas tenga a punto un esperado dossier sobre el buen gobierno de los bancos y las Cajas de Ahorros. Y si no, al tiempo.
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