La nueva Rusia

Vuelve la Guerra Fría

José García Domínguez

No sólo en Georgia han comprendido que Vladímir Putin hablaba muy en serio cuando definió el derrumbe de la Unión Soviética como "la mayor catástrofe geoestratégica del siglo". También los polacos han acusado recibo de que la Guerra Fría resulta ser un difunto que goza de excelente salud. De ahí que se hayan apresurado a instalar en su territorio ese escudo antimisiles norteamericano que, según Condoleezza Rice, "no va dirigido contra nadie", pero que apunta directamente a Moscú. Retorna, pues, la Historia al viejo escenario carcomido del que pretendiera expulsarla el iluso de Fukuyama.

Al tiempo, se desvanece aquel sueño europeo de una noche de verano, la quimera kantiana de la paz universal promovida por la globalización y el libre comercio con su bucólico corolario de la democracias liberales extendiéndose imparables por todos los rincones del planeta. La imagen de los tanques rusos avanzando impertérritos a través del territorio de Osetia ilustra la crónica de la muerte anunciada de la geoeconomía a manos de la geopolítica, el fin de la suprema fantasía estratégica de la Unión Europea, pueril fe del carbonero en las formas posmodernas, "blandas", del poder como alternativa imposible a la desnuda brutalidad de la fuerza.

En palabras de Robert Kagan, "si hace dos décadas Rusia se encontraba en el punto en que la Historia llegó a su fin del modo más espectacular, hoy se halla en un momento en que la Historia ha regresado del modo más espectacular". Arrogante y rencorosa, no sólo retorna dispuesta a refutar a Fukuyama, sino también a aquel Charles Louis de Secondat, Barón de la Brede y de Montesquieu, que un día escribiera: "Allí donde hay comercio, hay maneras y morales pacíficas".

Rusia: una economía que, desde 2003, no ha dejado de crecer a una tasa en torno al siete por ciento anual; las mayores reservas de petróleo del mundo y la mitad de todas las de carbón del planeta; la tercera mayor cartera estatal de divisas del mundo; una inmensa deuda externa prácticamente amortizada y un PIB capaz de aumentar en más del cincuenta por ciento en sólo ocho años, desde 1998 a 2006; una renta per cápita susceptible de crecer un sesenta y cinco por ciento en el mismo periodo junto a una tasa de pobreza reduciéndose a menos de la mitad en idéntico tramo. Y sin embargo… la Historia, que vuelve por sus fueros y exige su diezmo pagadero sangre.

Después de Georgia vendrá Ucrania.
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