Vamos a contar mentiras (2)

José García Domínguez

Es sabido, el gran documento teórico que avala el proceso secesionista en Cataluña ni lleva por título La nacionalitat catalana ni su autor resulta ser Enric Prat de la Riba. Bien al contrario, la biblia que inspira intelectualmente a la Generalitat responde por El cuento de la lechera, de padre desconocido. Y de ahí que los cimientos del castillo en el aire que se propone izar Mas descansen sobre una fantasía de parvulario, a saber, que un hipotético estadito catalán no dejaría de pertenecer ipso facto a la Unión Europea una vez consumada la escisión de España. Presunción que implica desconocer qué es esa organización de Estados nacionales. Porque la naturaleza de la UE no remite a nada más que eso: a los efectos de un acuerdo internacional suscrito por Estados soberanos.

Estados provistos de partida de nacimiento y bautismo, dotados pues con su correspondiente nombre de pila, cuya enumeración por estricto orden alfabético figura en el artículo 52 del Tratado de la Unión. Quien no conste en ese libro de familia, sencillamente, no existe a efectos comunitarios. Así de simple. Pero la realidad jamás ha supuesto un impedimento para que los nacional-identitarios siguieran enrocados en sus mundos de Yupi, y ésta no iba a ser la excepción. Urgía, entonces, fabricar alguna mentira piadosa – otra más– sobre el particular. Expediente resuelto por la vía de propalar el bulo de que no existe un pronunciamiento oficial de la Comisión a propósito de tal eventualidad.

Una gran verdad, por cierto. Y es que no hay un pronunciamiento oficial, sino dos. El primero se remonta a 1962, cuando una región francesa llamada Argelia optó por la independencia. Huelga decir que a los cinco minutos ya estaba fuera del aún Mercado Común. El segundo tuvo lugar en 2004, a raíz de una pregunta en sede parlamentaria de la eurodiputada galesa Eluned Morgan a la Comisión. En concreto, ésta: "¿Si un Estado miembro se dividiera, por haber alcanzado una región la independencia democráticamente, sería de aplicación el precedente sentado por Argelia?". Diplomática, edulcorada, elegante y retórica la respuesta de Romano Prodi, el entonces presidente, se puede resumir en una palabra: . Cuenta Dante que en la puerta del Infierno figura una inscripción que reza: perded toda esperanza. Pues eso. 

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