Vamos a contar mentiras (1)

José García Domínguez

Lo certifico sin ironía alguna, desde la absoluta sinceridad. Tras leer el informe económico sobre la viabilidad de la independencia que maneja Artur Mas, me asalta la duda de si habrá sido la Generalitat de Cataluña, y no el Gobierno de Uruguay, el primer ente público del mundo empeñado en la producción, distribución y consumo de marihuana a gran escala. Se antoja difícil llegar a una conclusión distinta después de entrarle a ese muy sesudo documento académico de... tres páginas. No es de extrañar que nuestro más prestigioso especialista en Hacienda Pública, el profesor Ángel de la Fuente, del CSIC, ya se haya referido al asunto como "el milagro de los panes y los peces".

Porque solo a la providencia cabría convertir en factible lo que ahí se da por hecho con estupefaciente alegría. Por ejemplo, que Cataluña pudiese asumir toda la larga lista de servicios que ahora provee el Estado sin que ello costara ni un céntimo adicional a los contribuyentes. Al contrario. Así, tal como ha resaltado con alguna chanza el profesor De la Fuente, los trescientos millones de euros que el Ministerio de Trabajo necesita invertir anualmente en la demarcación, por arte de birlibirloque, se verían reducidos a apenas cuatro. Una disminución espectacular de costes cuya justificación teórica no resulta menos espectacular: porque sí. Y punto. Pero no piense el lector que en eso acabarían los insólitos prodigios que para asombro del universo mundo obraría el nonato estadito catalán.

Pues de creer lo que pone en el papel, la actual Administración autonómica estaría en disposición de asumir la carga de trabajo que corresponde a una nación de las de verdad. Los mismos que hay ahora, sin necesidad de incorporar a nadie. Superlativa capacidad de trabajo que únicamente admitiría una explicación lógica, a saber, que la mitad de los funcionarios en nómina de la Generalitat no hacen absolutamente nada durante toda su jornada laboral. Otra posibilidad no cabe. Sea como fuere, resulta evidente que Mas no ansía competir con Singapur, California o Shanghái, sino con Lourdes. ¿Cómo entender, si no, que pese a su cantinela favorita, ésa de que Cataluña seguiría integrada en Europa, no prevean partida ninguna como aportación catalana al presupuesto de la UE? Se coge antes a un mentiroso...

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