Crisis económica

Una verdad muy incómoda

José García Domínguez
En una salida de tono que hubiera hecho las delicias de Freud, el compañero Corbacho no se ha privado de tildar de “ignorantes” a quienes duden del efecto salutífero de esos ocho mil kilos que el Gobierno acaba de regalar a los ayuntamientos con tal de que se los fundan en cualquier capricho de su antojo. Debe ser que el ministro Celestino estudió letras puras y, por tanto, nunca ha oído hablar del problema empírico que creyó identificar un célebre ignaro, el premier laborista James Callaghan, allá por el año 76 del siglo pasado.

Cierto callejón sin salida que aquel pobre cateto inglés acertaría a verbalizar tal que así: "Estamos acostumbrados a pensar que podemos escapar a la recesión y aumentar el empleo rebajando los impuestos y aumentando el gasto. Lo digo con la mayor sinceridad, esta opción ya no existe, si es que alguna vez existió, porque el resultado ha sido siempre una mayor inflación. Y cada vez que esto sucede aumenta el nivel medio de desempleo". Menudo palurdo, barruntará Celestino cuando se entere de que tal sentencia circula por todos los manuales de política económica.

Pero no sólo el erudito de Hospitalet ha aprovechado las vísperas del Carnaval a fin de comparecer travestido de maestro Ciruela ante la prensa. El propio presidente ha decidido secundarlo en la empresa. Así, el fugaz alumno vespertino de Jordi Sevilla ha declarado no comprender que “alguna emisora” tache de inútil a su Plan E. En fin. ¿Cómo explicarle a ese buen hombre que el mismísimo padre de la de bomba atómica, Von Neumann, ya demostró que los cimientos conceptuales de la Economía son de barro y que, entre otras desventuras, devienen inanes para corregir los ciclos bajistas?

¿Cómo enseñarle que tanto las premisas fundamentales de la herejía keynesiana como las de la ortodoxia han sido refutadas por los matemáticos? ¿Cómo hacerle comprender que Solbes –igual que Rodrigo Rato– interpreta el mundo con unos modelos que, a efectos prácticos, representan lo mismito que los tratados medievales de alquimia? ¿Cómo desvelarle que James Quirk, que no es un delantero del Barça sino el autor del libro de Microeconomía  más estudiado en todas las universidades, ha dejado de creer en el equilibrio general que él mismo nos enseñó?  ¿Cómo descubrirle a Zapatero la terrible, angustiosa, estremecedora, atroz evidencia de que, a estas horas, nadie en el planeta sabe mucho más que él de Economía? 

¿Su Plan E? No nos haga reír, por favor. 
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