Navarra

Una trampa para elefantes

José García Domínguez

Si Miguel Sanz dice saber que "el compromiso público de José Blanco tiene el mismo valor que uno por escrito", la pregunta que a uno le asalta inmediatamente es: ¿y entonces por qué lo ha aceptado? ¿O acaso cree don Miguel que si antes timaron como a chinos a Pasqual Maragall, a Duran Lleida, a Artur Mas, a los panolis de la Esquerra, al compañero Chivite y al tal Puras, ahora piensan hacer una excepción con su caso? Y, por favor, no nos recite otra vez la milonga que les coló ayer a los de El Mundo. Que ese cuento de hadas –"Si Navarra se hace ingobernable, nuestro ordenamiento jurídico permite al presidente disolver la Cámara"– es más falso que los duros sevillanos.

No nos explique historias, hombre, que nosotros ya estamos muy mayores. Usted es plenamente consciente de que va a acudir a la investidura atado de pies y manos. Porque lo que garantiza el famoso ordenamiento jurídico es exactamente lo contrario. Es decir, que a usted no le va a corresponder la potestad de disolver nada. Aunque, como tiene la gran suerte de vivir en un país de perezosos, incluso es posible que nadie se entere hasta el mismo día que le presenten la moción de censura. En cualquier caso, engáñelos a ellos y, de paso, engáñese a sí mismo, si le place, pero no nos tome a todos por tontos.

Mire, don Miguel, quizás Pepiño Blanco no sepa nada de Derecho, pero, créame, ese tipo lo sabe todo sobre la condición humana. De ahí que le haya tendido una trampa para elefantes y a usted le haya faltado tiempo para caer de bruces en su red. Sí, don Miguel, sí, una trampa para elefantes. Zapatero necesita que Navarra deje de ser un concepto discutido y discutible... hasta marzo. Ni un segundo más. He ahí la única razón de que haya decidido protegerse del bombardeo argumental del Partido Popular bajo un escudo humano que llevará su nombre. Pero sólo hasta el día siguiente de las elecciones, el momento en que usted será defenestrado sin miramientos, porque habrá dejado de serles útil.

Y ahora, si quiere, vuelva a insistirnos con la monserga del ordenamiento jurídico. Aunque le advierto que nosotros sí hemos leído el artículo 30.3 del Estatuto de Autonomía de Navarra: "El presidente no podrá acordar la disolución del Parlamento durante el primer periodo de sesiones, ni cuando reste menos de un año para la terminación de la legislatura, ni cuando se encuentre en tramitación una moción de censura, ni cuando se encuentre convocado un proceso electoral estatal, ni tampoco antes de que transcurra el plazo de un año desde la última disolución por este procedimiento".

En fin, usted sabrá lo que hace.

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