Referéndum independentista

Una cuestión de huevos

José García Domínguez

De ese tiro de gracia en la nuca de la Constitución que nos anuncia para octubre el simpático Ibarretxe, lo importante no son las preguntas sino las respuestas. Así, poco importa que a tenor del redactado final de la patata caliente de Juanjo los vascos y las vascas vayan a ser formalmente invitados a cometer un triple atentado contra la Ley, las normas más elementales de la gramática parda y los fundamentos de la lógica formal.

Pues sólo en el cerebro abotargado de un campeón de Euskadi en esos entrañables concursos de tragar huevos crudos podría incubarse apelación tan obtusa como la que sigue: "¿Está usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta su voluntad inequívoca de poner fin a la misma de una vez y para siempre?". Oxímoron ante el que al vasco –y la vasca– romanizado no le cabrá acogerse a los imperativos procesales del pensamiento abstracto, sino rebuznar un lacónico "sí" o "no". Y es que únicamente desde la ingesta compulsiva de colesterol en yema cabe postular un "diálogo" sobre el fin de la violencia a condición de que la ETA renuncie a ella antes de iniciarlo.

No, la retórica cantinflista de la papeleta de Ibarretxe será lo de menos en ese asunto del referéndum. Como irrelevante ha de ser que ninguna norma internacional ampare el ejercicio de un derecho presunto que, simplemente, no existe fuera de su imaginación enferma. Nada de eso tendrá la menor trascendencia práctica. Porque, como se anunciaba ahí arriba, la genuina perversión del lenguaje habrá de llegarnos bajo membrete de Madrid, no de Vitoria.

Al cabo, lo único que se propone el PNV con su asonada institucional es demostrarle al mundo entero que el Estado ya ha perdido hasta el atributo germinal que explicaba su propia razón de ser: el monopolio de la violencia legítima. De ahí que la verdadera cuestión sobre la que están llamados a pronunciarse los hijos putativos de Aitor no se refiera al "derecho a decidir" de los braquicéfalos, sino a la muy real prerrogativa que asiste en todo tiempo y lugar al lehendakari para humillar a España, violando impunemente las normas emanadas de su Parlamento. Que no otro es el contenido genuino de su brindis al sol.

Por lo demás, ni siquiera nos hará falta esperar hasta octubre con tal de conocer el resultado final del plebiscito. ¿Para qué si la ministra Salgado ya se ha apresurado a reconocer la inviolable soberanía de los de la serpiente y la boina en materia de secesiones de salón? ¿O acaso cabe interpretar de otro modo que me los haya amenazado con la broma de un recurso ante el Constitucional que no se sustanciará antes de que se descongele el Polo Norte?

O sea, que mucha atención a Paquito Camps y su cláusula ídem, que igual es el siguiente.

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