Embajada catalana

Un drama americano

José García Domínguez

"Haré cualquier cosa menos el ridículo".
Josep Tarradellas

Tras la ceremonia oficial de la jura, en los corrillos del Capitolio no se hablaba de otra cosa. Michelle, consternada, parecía no dar crédito a lo ocurrido. "Estoy muy decepcionada", acertó a balbucear, lacónica, la primera dama ante el enjambre de periodistas que se abalanzó sobre ella con tal de inquirir su opinión. En un aparte, Bill y Hillary Clinton, cariacontecidos ambos, reclamaron de Obama "un gesto" que ayude a recomponer la maltrecha relación entre ambas administraciones. "Tenemos que intentarlo. Es todo lo que puedo decir ahora", concluyó ella con voz entrecortada.

Luciendo un semblante inusualmente sombrío, Bush padre confesó haber echado de menos alguna alusión al problema en el contenido del primer discurso del presidente. "Sé que se trata de algo muy doloroso para América, pero yo habría hecho alguna referencia a ello en la alocución", manifestó abatido. Su hijo, George, con una gran copa de brandy entre las manos, se limitaría a añadir: "Después de lo de Irak y Afganistán, pensaba que ya nada podría arruinar aún más las cosas. Me equivoqué, amigos. Está claro que me equivoqué. Ahora, déjenme: necesito olvidar". Por su parte, un portavoz oficioso de la Casa Blanca, visiblemente contrariado, se limitó a pronunciar un "no comment" tras ser interpelado por la cuestión.

Y es que, tal como el lector avisado no ignorará, el vicepresidente de la Autoridad Nacional Catalana, Carod Rovira, ordenó eclipsar la toma de posesión de Obama, forzando que coincidiera la ceremonia de Washington con la solemne inauguración oficial de la nueva embajada del Tripartito en Nueva York. Huelga decir que las consecuencias mediáticas de la iniciativa unilateral de la Generalidad fueron fulminantes, demoledoras. De Vic a Tortosa, de Manresa a Viladecans, de Santa Perpetua de la Moguda a Sabadell, de Castelldefels a Lloret de Mar, todos los catalanes pasaron el día literalmente pegados a las pantallas de plasma.

Nadie quería perderse ni el más mínimo detalle de lo que TV3, en rigurosa exclusiva, iba avanzando al mundo entero. No era para menos: un tal Andrew no sé qué, sujeto de oficio igualmente ignoto, acababa de ser designado nada menos que primer canciller plenipotenciario de Liliput ante las ardillas de Central Park. Trascendental responsabilidad merced a la cual el mentado Andrew levantará un sueldo de 83.000 euros cruditos al año; gastos de representación aparte, claro.

Por lo demás, a lo de Obama, ni caso. Y que el moreno se ande con cuidado, que esto sólo ha sido el primer aviso.
A continuación