El Periódico de Cataluña

¿Tú también, Franco?

José García Domínguez
Se lo escuché hace veinticinco años al gran Javier Cugat. Fue cuando se supo llegado a esa edad en la que un hombre ya puede decir lo que piensa impunemente. El caso es que acababa de retornar a Barcelona para citarse con la muerte en la mejor suite del Ritz. Allí la esperaría escoltado día y noche por tres enfermeras que ríase usted de las majorettes que se gastan en Corporación Dermoestética. Bien, pues aquel día, harto de responder a las tonterías sobre política regional con las que lo estaba aburriendo un plumilla doméstico, sentenció tajante: Sóc català. Sempre estic amb els que manen (soy catalán. Siempre estoy con los que mandan).
 
Si lo recuerdo ahora, debe ser porque la cara de perplejidad que dibujó entonces cierto adolescente aprendiz de progre, se parecía bastante a la que he vuelto a poner hoy, ojeando el artículo dominical de Franco (Antonio) en su Periódico de Cataluña. Y es que el director del Boletín Oficial del Tripartito me acaba de estampar su firma en una receta que prescribe ni más ni menos que un botellón de cicuta para Maragall. Como lo leen: Franco desea que su protector se inmole, y se lo recomienda con el más faltón alarde de negritas y cursivas que se recuerda en la plaza. Ilustra esa lección magistral de lealtad una foto del aconsejado tan manifiestamente mejorable que uno ha de recalar en ella tres veces para no tomarla por la ficha policial del Tunecino. ¡Cría cuervos!
 
Mas que nadie pierda un segundo de su existencia buscando las claves para desfacer este entuerto fraternal ni en Maquiavelo, ni en Clausevitz, ni en Lenin, ni en Chateaubriand; ni mucho menos en Bob Dylan. Porque la respuesta tampoco está en el viento. ¿Dónde, entonces?, se preguntará el lector. En Casa Nostra, naturalmente. Claro, hombre, claro, en Javier Cugat. “Soy catalán…” El sexto sentido de la tropa periodística catalana para olfatear quién manda de verdad en cada momento, es una de esas maravillas de la Naturaleza a la que pronto dedicará un monográfico el National Geographic. De ahí que no debamos extrañarnos de lo suscrito por Franco, ni de que, el mismo día, el director del Avui, un libelo propiedad de la Generalitat, tolere que en sus páginas de opinión se siga haciendo chanza con las supuestas adicciones del President.
 
Los que mandan acaban de poner en almoneda la cabeza de Maragall. Y nuestros sabuesos de Todo a Cien, como siempre, han sido los primeros en intuirlo. Así, a estas horas, el President pudiera ser ya un cadáver político y sus amigos, los camisas negras, una pandilla de friquis expulsados del Paraíso por la espadas flamígeras de Montilla y Artur Mas. A fin de cuentas, CiU, una máquina de poder que merodea por las oficinas del INEM desde hace un año y pico, acaba de librar a Zetapé del mayor problema de su vida política: el Estatuto catalán. Y el PSC, otra máquina de poder que apenas husmea las garitas de los conserjes de la Plaza de San Jaime también desde hace un año y pico, podría haberse librado del gran problema de toda su vida: el complejo de los apellidos plebeyos. Por lo demás, ya se sabe: somos catalanes…
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