Tot per la pàtria ( i per la pasta)

José García Domínguez

La antisistema Laura Borràs, presidenta el Parlamento de Cataluña, parece ser que fantasea con la idea de clausurar la institución que preside, no sabemos si de modo solo temporal o ya definitivo, con tal de no quedar mal ante otro antisistema, uno de la CUP que en su día hizo el tonto con los lacitos amarillos en el ayuntamiento de su pueblo, sujeto al que la autoridad judicial ordenó retirar el acta de diputado doméstico. Un asunto, el del eventual cierre voluntario de ese hemiciclo, que no implicaría pérdida alguna para nadie, salvo para los que van por allí de vez en cuando a pasar el rato charlando de las brujas y de esa republiqueta catalana que no existe.

Y es que el drama de chapar el Parlament durante una temporada a fin de que nuestros independentistas puedan seguir haciendo el indio de cara a la galería, su ocupación favorita, tendría una dimensión exclusivamente financiera. Ocurre que un diputado raso de la Cámara se lleva a casa cada mes 5.000 euros netos, un dinero muy respetable. Cada electo ingresa un mínimo de 90.000 euros anuales. Lógicamente, la antisistema Borràs percibe una remuneración algo superior, 155.570 euros; gastos de representación al margen, como no podría ser de otro modo. La eventual tragedia en caso de cerrar la tienda es que una parte de los 90.000 euros, la que figura en sus nóminas bajo el fantasmal epígrafe de "compensación por gastos de desplazamiento" (se ha instaurado la ficción de que hay muchos diputados regionales que residen en Canarias, Cádiz o Vilanova de Arousa), está exenta de tributar por IRPF. Una bicoca.

Pero, claro, para poder estar exento de pagar impuestos con la excusa de los viajes hay que hacer ver que se viaja. Y si cierran el Parlamento va a ser difícil justificar que se viaja. Algo que ya ocurrió, por cierto, cuando el confinamiento. Pues todos siguieron cobrando durante el encierro domiciliario ese complemento de los falsos desplazamientos de miles de kilómetros. Pero la Hacienda de Madrit, que no es tonta, les reclama ahora un millón de euros, entre 17.000 y 24.000 por barba, porque no se cree el cuento de los viajes. Y los diputados de la mayoría, los independentistas, exigen que sea la Cámara, o sea el glorioso pueblo catalán, quien apoquine el millón. Ellos no se ven, parece, con ánimo de soltar la pasta de su bolsillo. Y en esas andamos. Lo dicho, un drama.

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