La responsabilidad del PPC

Todos contra la Cope

José García Domínguez

En Barcelona no se habla de otra cosa. A Alicia Sánchez Camacho, la flamante paracaidista reclutada por Rajoy a fin y efecto de acabar de desmantelar el Partido Popular en Cataluña, como mínimo van a tener que ponerle una tertulia. En la Ser, naturalmente. Qué menos. Al cabo, si no hubiera sido por las discretísimas y eficaces gestiones que realizaron los dirigentes del PPC ante el beato Carbonell, ese melifluo profesional de la simonía que dirige con puño de hierro la cheka audiovisual del CAC, los deudos inconsolables de Polanco podrían haberse quedado sin su emisora asociada en Manresa. Suerte que allí estaba Alicia para desfacer el entuerto, defendiendo con uñas y dientes los sagrados intereses en Casa Nostra de Prisa.

Por lo demás, que el tripartito ansiara eliminar por orden gubernativa las emisiones de la Cope en Lérida y Gerona, a los populares catalanes, huelga decirlo, les traía al pairo. Razón de que el piadoso Carbonell, no sin cierta perplejidad, llegase a la conclusión de que a sus interlocutores conservadores sólo les interesaba el destino de una concesión en el municipio de Espulgues (a saber con qué altruista propósito), amén de apadrinar a los capataces domésticos de la Ser en su empeño por quedarse con la licencia de Manresa, capital de la Cataluña central. Nada más. Punto final.

Así, a cuenta de la obsesión de los talibanes de la Esquerra por castigar a Vocento al haber vulnerado ese grupo de comunicación de Madrit las leyes no escritas de la omertá catalana, ni un lamento hubo de escuchar un pasmado Carbonell durante las rondas de reuniones previas, las que concertó con tal de pastelear la cacicada al estilo canónico del Oasis; es decir, en comandita y cometiendo la decisión por fraternal unanimidad. Idéntica indiferencia constataría el comisario político del PSC en sus interlocutores marianistas por cuanto al destino último de las solicitudes de frecuencias de Unedisa. Ni siquiera por simple curiosidad le interrogaron sobre ese asunto.

He ahí, pues, la explicación a que Fernando Rodríguez Madero, el Don Tancredo que representa al Partido Popular en el CAC y que se presta a legitimar todas las fechorías de sus inquisidores a cambio de un sueldo de 115.579 euros anuales –dietas aparte–, votara a favor del cierre de la Cope, sumándose al aquelarre liberticida de los catalanistas. Simplemente, obedeció las órdenes de su jefa, como no podía ser de otro modo.

Lo dicho: como mínimo, una tertulia. Es de justicia.
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