Atentado de ETA

Tic, tac, tic, tac…

José García Domínguez
El Acuerdo de Perpiñán contra las Libertades y por el Terrorismo se asienta sobre dos premisas. La primera ordena proceder por la vía de urgencia a la voladura controlada de los cimientos jurídicos que mantienen en pie al Estado. La segunda exige a todas las partes contratantes no salir nunca de paseo sin llevar encima la Guía Campsa de Cataluña. Y, ayer, la vanguardia armada de esa cofradía de abajofirmantes que se propone demoler la Nación española volvió a acreditar que se puede confiar en su palabra. Porque demostró a quien lo dudara que sigue observando religiosamente todas las cláusulas del contrato; todas, incluido el requisito de que los gudaris memoricen en los manuales autonómicos de la ESO en qué punto de la carretera empieza la Franja d´Aragó y en qué escaño del Congreso termina el PSC.
 
Josu Ternera ha cumplido. Corresponde, pues, a sus socios no violar ahora ese mandato –el de la responsabilidad solidaria– que el Código de Comercio prevé para las sociedades en comandita. Y como “ahora” es hoy, cómplices explícitos, socios estratégicos, aliados objetivos, compañeros de viaje y tontos útiles –que haberlos, haylos– me van a tener que trabajar unas cuantas horas extras. Porque en la letra pequeña del contrato lo pone muy clarito: En los eventos que promueva la división de trabucaires y mascletàs, corresponderá a la retaguardia legal, institucional y respetable de la join venture la cobertura política, mediática y, si hiciera falta, también la filosófica de los festejos. Manos a la obra, entonces. A reventar las Xerox de las sedes con copias de lo último de Ussía en La Razón. Que lo estudien en seminarios de urgencia todos los compañeros y las compañeras de las agrupaciones. Que lo deletree Lorenzo Milá en su telediario. Que se envíe urgentemente por SMS a los simpatizantes y las simpatizantas. “Lo de Ussía. Pásalo”. Todos al tajo, que esto es para ya. Vamos, que el cronómetro de Josu ha echado a correr. Tic, tac, tic, tac…
 
¿Cuánto tiempo aguardarán antes de hacer unas risas en el despacho con los capataces del que ha colocado la mochila en Rufino González? ¿Cuánto tardarán en volver a acusar a las víctimas de la Eta de crispar el ambiente al criminalizar a los criminales? ¿Cuánto habrá de durar la espera hasta que ese sucesor de Américo Castro denuncie la responsabilidad –él dirá responsabilidá– dolosa de Acebes en lo de ayer? ¿Días? ¿Horas? Pues justo lo que se demore en secar la tinta china de esas lágrimas de cocodrilo que le acaban de dibujar en las mejillas a Zapatero. Ni un segundo más. Ni uno. Y ya falta poco. Tic, tac, tic…
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