Enseñanza en castellano

Son cincuenta mil y han dado la cara

José García Domínguez

Si uno viviera en un sitio normal podría sentarse cada día ante del ordenador con el mismo propósito que cualquier columnista normal: para explicarle al Universo lo listo que es y lo bien que escribe. Pero uno nunca ha vivido en un sitio normal. Por eso admite que, dadas las circunstancias, su oficio consiste en difundir noticias disfrazándolas de opinión; noticias de las que sabe positivamente que nadie tendría el menor interés en amplificar. Qué le vamos a hacer, uno vive en Barcelona.

Así, uno repasa, hoy, los epítetos que se han lanzado impunemente desde la muy institucional prensa catalana contra el ciudadano Albert Boadella: "hijo de puta", "blasfemo", "luzbel de pacotilla", "amalgama ridícula de falangista provinciano y de militar melillense", "bufón pagado por los franquistas", "estúpido que cae de cuatro patas ante la estrategia criminal del Partido Popular", "indigno","miserable","puerco". Y releyéndolos comprende el genuino valor del gesto que han protagonizado esas cincuenta mil personas a las que se referirá en el próximo párrafo. Gentes con vidas anónimas y oficios anónimos que, a diferencia del ilustre injuriado, no dispondrán de un micrófono o una cámara de televisión para defenderse. Gentes que se han atrevido a dar un paso arriesgado aun a sabiendas de que sólo tienen mucho que perder y nada que ganar.

Y es que, hoy, uno quiere que se sepa que cincuenta mil catalanes de segunda han obligado a su clase política de tercera a debatir una proposición de ley sobre la enseñanza en la lengua materna. Que se sepa que van a forzar a esa tropa a repudiar la realidad con luz y taquígrafos gracias a la tozudez del profesor Francisco Caja, el principal promotor de la iniciativa legislativa popular. Que se sepa que la grotesca pandilla de charnegos renegados que dirige el PSC ya ha tramitado en el registro de la Cámara la preceptiva enmienda a la totalidad del texto. Que, por supuesto, CiU, ERC y los restos del naufragio del PSUC han hecho lo propio. Y que el próximo 19 de diciembre, fecha en la que está convocado el pleno, el gran problema lo tendrán los directores de La Vanguardia y El Periódico con tal de ingeniar cómo ocultarles la noticia a sus lectores.

A uno, en fin, le gustaría poder escribir también sobre la caspa herderiana que delata en las solapas a cierto nacionalismo español carpetovetónico. Y si uno viviese en un lugar normal, se emplearía en ello con sarcasmo e ironía. Mas, como ya se ha confesado ahí atrás, uno vive en Barcelona. Así que lo siento, admirados amigos, pero todavía no puedo jugar a ser columnista.

A continuación