Cataluña

Sobre la difícil ciencia de barrer con escoba

José García Domínguez

Y el gran día llegó. Así, el temido examen práctico tuvo lugar el pasado 30 de julio en una parcela de césped propiedad del Instituto Municipal de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Barcelona. El centenar largo de candidatos que ya superara las dos cribas previas de la oposición –es decir, el test psicotécnico y la ulterior prueba teórica– se dividía inquieto en pequeños corros ante la hierba. Lo más difícil estaba a punto de comenzar. Horas antes, había corrido la voz de que la implacable Inma Mayol, dama de estudios ignotos y teniente de alcalde por todo oficio, eligió personalmente a los miembros del tribunal entre los evaluadores con más fama de "huesos"; cátedros a la vieja usanza que se siempre se significan por el rigor inflexible en la aplicación estricta de los parámetros de puntuación.

El menor error en la ejecución empírica de los postulados teóricos, hasta el más insignificante yerro a ojos de los profanos, seria, pues, fatal causa de descalificación inmediata para cualquiera de los aspirantes. Y aunque la mayoría de ellos acumulase años de experiencia por tratarse de empleados interinos del propio servicio, el nivel de excelencia, de pericia magistral incluso, que exigen los socialistas a todos sus funcionarios de plantilla, ciertamente no está al alcance del común. Tal como ordenaba la convocatoria oficial, al marcar el reloj la hora señalada, un miembro del tripartito municipal haría entrega al tribunal del sobre lacrado que contenía las habilidades a ejercitar por los convocados.

Ordenados de menor a mayor dificultad, allí se describían los cometidos en los que los examinandos habrían de demostrar doctoral magisterio. Tres fueron las áreas específicas de conocimientos a evaluar: cavar un agujero en el suelo, manejar según el canon ecológico una pala para cargar de arena una carretilla, y barrer con el auxilio de una escoba unos diez metros cuadrados de suelo. Pues bien, tras una intensa semana de deliberaciones, al fin, el 4 de agosto el presidente del tribunal hacía públicas las actas definitivas del proceso. Y, tal como se temía, "Escoba" ha vuelto a constituirse este año en el listón insalvable para casi todos los aspirantes.

Como que ochenta y uno de los asistentes obtuvieron puntuaciones inferiores a un dos –sobre diez– en ese campo específico de conocimiento. En términos porcentuales, eso significa que sólo el nivel académico impuesto por los eco-socialistas en las pruebas de "Escoba" ha causado que el 72 por ciento de los inscritos suspendiese el ejercicio. Un porcentaje que se eleva hasta el ochenta por ciento de todos los participantes, si se añaden los datos de los cateados en "Pala" y "Agujero". Qué suerte tiene Montilla, pensar que la ley catalana no ordena saber hacer la "o" con un canuto para acceder a la Presidencia de la Generalidad. Claro, barre para casa.
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