Ribó: dos vueltas al mundo con cargo al erario

José García Domínguez

Vuelve un clásico de todas las primaveras en Casa Nostra: los viajes oficiales alrededor del globo terráqueo del octogenario defensor vitalicio del pueblo catalán, el síndic de greuges Rafael Ribó, acompañado de su joven jefa de gabinete, la señora Judith Macaya, huelga decir que cargo de libre designación. Dama, la señora Macaya, que sólo recibe una retribución oficial ligeramente inferior a la correspondiente a doña Sofía de Borbón y Grecia. Así, la principal colaboradora del muy viajado Ribó ingresa del erario público en concepto de nómina 92.088 euros al año, 10.000 euros más que el presidente Pedro Sánchez Castejón, frente a los 116.525 de la madre del Rey de España.

Salario, el de la acompañante Macaya, que la obliga, eso sí, a un incesante hacer y deshacer las maletas desde que su jefe directo accediera al cargo allá en el lejano 2004? Al respecto, acaba de trascender que el síndico Ribó, cuyas competencias institucionales se circunscriben como es lógico al ámbito de las cuatro provincias catalanas de modo exclusivo, empleó otros 34.000 euros del presupuesto del órgano que disfruta en nuevos viajes a lo largo y ancho del mundo con su inseparable Judith. En concreto, la pareja se desplazó durante ese ejercicio, siempre por insoslayables motivos de trabajo, a Luxemburgo, Madrid, Roma, Atenas, Estrasburgo, Bruselas, Nueva York, Manchester, Londres, Toronto, Washington, Pamplona ( ¿los Sanfermines?) , Riga, Zagreb y Ljubljana.

Eso, como ya se ha dicho, solo en los doce meses de 2019. Pero es que Ribó también realizó otros desplazamientos durante ese mismo año a los que no acudió la señora Macaya, acaso agotada de tanto ajetreo. En concreto, Ribó se vió obligado a hacer algunas escapadas más con rumbo a Lisboa, Aosta, Londres, Belfast, Sevilla, Tenerife, Manchester y, entre otros destinos, Neuchâtel (Suiza). Expertos locales han calculado con sofisticadas técnicas matemáticas que el síndico Ribó consumó casi dos vueltas completas al planeta, unos 74.000 kilómetros, con las consiguientes emisiones de CO2, solo en viajes oficiales durante 2019. Lo insólito es que encontrará tiempo para, en el mismo periodo, redactar un largo informe justificativo de la inmersión lingüística obligatoria que practica la Generalitat. Un yonki del trabajo, sin duda.

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