Chaves

Reflexiones testiculares

José García Domínguez
Cuando una tarde en Sevilla –la Sevilla todavía peligrosa de las arengas radiofónicas de Queipo de Llano– Ernesto Giménez Caballero se topó con Jorge Guillén lo arrinconó en una esquina y le espetó: “¿Lo ve usted, don Jorge? Hay que pensar con los testículos.” A lo que el poeta replicó con sutil ironía: “Claro, claro. Lo he dicho mil veces. Eso es lo que ha hecho usted toda su vida.” Resulta inevitable, cada vez que Chaves pone esa cara como de haberse olvidado los donuts en casa y clama que Cataluña no es nación, a uno le vuelve a la mente aquella anécdota chusca del padre putativo de la vanguardia hispana.
 
Porque el Chaves que ahora simula despertar de una siesta que ya dura un cuarto de siglo, es el mismo pensador que, no hará ni un mes, auguraba que su cortijo también se proclamaría nación, faltaría más. Y es que, aquí, hasta que a alguno le mentan la cartera, todos parecen decididos a continuar jugando con los significados de las palabras de por vida, eternamente, con la angelical irresponsabilidad de los bebés. De hecho, ése –y no el soduku– es el entretenimiento que causa furor entre nosotros. Derecha e izquierda, nacionalistas y no nacionalistas, llevan veinticinco años practicándolo sin pausa, todos los días del año. Y no se cansan.
 
Aunque el reglamento del genuino deporte patrio no resulte idéntico para todos. Porque el Como Si, que ése es su nombre, ofrece dos modalidades a los aficionados: la llamada Como si fuera en broma, la de patio de colegio, que es la practican hoy los chaves y los zapateros; y la variante profesional, el Como si fuera en serio, una regla muy exclusiva, únicamente al alcance de iniciados, ésa que dominan Maragall, Carod, Ibarretxe y la Eta. Por ejemplo, cuando el President, como antes hiciera Pujol, exige que a ningún ministro del Gobierno se le ocurra acercarse por Cataluña bajo ningún concepto, está jugando al Como si fuera en serio. Al igual que Quico Homs, el representante de CiU en la ponencia del Estatut, cuando alardea de velar personalmente para que sus hijos no aprendan a hablar en castellano. O como el portavoz del PSC, uno que pregona a sus fieles del extrarradio que Cataluña todavía vive sojuzgada por el Decreto de Nueva Planta de Felipe V.
 
Y mientras, Guerra, González y Aznar, creyéndose aún estrellas del Como Sí. Los unos, olvidando que precipitaron el desastre al ordenar al Constitucional que facilitase a Pujol la expulsión total del castellano de la vida pública en el Principado. El otro, sin admitir jamás que fue él quien retiró a la única fuerza nacional que restaba en la región –el Partido Popular– de la confrontación política, ideológica y cultural frente al secesionismo. Felices los tres. Como si fuera en broma.
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