Cataluña

Rafael de Casanova votaría C's

José García Domínguez

Pocos casos se conocen de estricta fidelidad al ideario de los ancestros como el de don Baltasar de Casanova, a la sazón último descendiente en este valle de lágrimas del legendario Rafael de Casanova, el que fuera defensor de Barcelona durante la aciaga jornada del 11 de septiembre de 1714; ése mismo que después izaron los guionistas de la comedia identitaria a los altares laicos del nanonacionalismo doméstico. Y es que don Baltasar, consecuente con la secular españolidad de su estirpe, ha decidido presentarse candidato por Lérida en la lista electoral de Ciudadanos.

Así, según la muy consternada prensa de la provincia, Casanova se ha unido al partido del Albert Rivera a fin de combatir lo que cree mitos y manipulaciones de la historia, empezando, se supone, por cuanto afecte a su propia familia. Pues, como es sabido, algunos hijos de Prat de la Riba, de Iznájar y de la Benemérita pretenden hacer un Josu Ternera de quien combatió por la España más tradicional y carpetovetónica que quepa imaginar. Al cabo, la de Rafael de Casanova era la misma España de los Austrias que lloró así Menéndez Pelayo, el padre del casticismo patrio: "¡Cuánto padecieron con la nueva dinastía el carácter y la dignidad nacionales! ¡Cuánto la lengua! ¡Cuánto la genuina cultura española, la tradición del saber de nuestros padres! ¡Cuánto su vieja libertad cristiana, ahogada por la centralización administrativa!".

Grande, Casanova. Herido en la entrepierna durante el asalto, se le practicó una cura de urgencia recetándole los médicos reposo, precepto que él seguiría a rajatabla. Luego, tras sucumbir la ciudad, al prudente modo se hizo pasar por muerto tras delegar en un tercero la rendición de la plaza. Todo, antes de huir raudo de la Ciudad Condal disfrazado de fraile y buscar refugio en Sant Boi de Llobregat, municipio donde yace enterrado. Por lo demás, tan pronto como en 1719 fue amnistiado por el Borbón, tornando a ejercer tranquilamente de abogado durante el resto de sus días. Y tan plácida habría de ser su existencia bajo Felipe V que dio en morir octogenario, tres décadas después del día de autos. De casta le viene al galgo, pues. Ya lo decía Raimon Pelegero: "Qui perd els origens, perd la identitat".

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