Convención del PP

Próxima estación: Corea del Norte

José García Domínguez

Sin duda, el instante más memorable de la performance rajoyesca del fin de semana aconteció cuando la anfitriona, Alicia Sánchez Camacho, dio en enfatizar, risueña, que "Cataluña no necesita más ‘ismos’, sino realismo y optimismo". Soberbia, gloriosa cogitación que ni siquiera el propio Rajoy logró superar durante su muy sentida defensa corporativa de la casta partitocrática. "No todos somos iguales", precisó el líder; originalísima reflexión que, para mayor énfasis, comunicaría a la vera de la mujer que confundió a su ex marido con un Jaguar XT, dama también conocida en el siglo por Ana Mato. "Si no me creen, pregúntenselo a mis asesores Bárcenas y Sepúlveda", le faltó añadir al de Pontevedra con tal de que ese mensaje, el la inminente regeneración ética, calara con mayor claridad aún entre la tropa de a pie.

Por lo demás, el sarao ha constituido la enésima confirmación empírica de la ley de hierro que rige en la sociedad del espectáculo: las imágenes siempre deben primar sobre las ideas, caso de que aún quedara alguna; lo gracioso sobre lo inteligente; la forma sobre el contenido; lo banal sobre lo serio; lo frívolo sobre lo profundo; lo prosaico, en suma, sobre lo trascendente. De ahí que lo de Barcelona haya constituido un éxito sin paliativos: ni una aportación ideológica, ni un conato de debate doctrinal, ni un razonamiento genuino, ni un solo esfuerzo intelectual. Únicamente eslóganes, lugares comunes, aforismos ingeniosos, consignas mil, ese decálogo para encefalogramas planos, y un infinito surtido de gestos, ademanes y poses para uso y consumo exclusivo de la televisión. La nada convertida en supremo reclamo electoral. O sea, centrismo en estado químicamente puro.

Y el gallego, como todos los grandes del toreo de salón, que se crece cuando se trata de lidiar ante los espejos cóncavos del callejón del Gato. "En Valencia tuve el apoyo del 84,6% de los militantes. Si ahora hubiera un congreso, la cifra sería más elevada", le ha espetado al atónito director de La Vanguardia. ¿El 100%, quizá? ¿Un poquito más, tal vez? Vaya usted a saber. Qué error, qué inmenso error, sin embargo, comparar el solemne Te Deum marianista de Valencia con la Bulgaria soviética. Si hasta el propio Rajoy admite ya que su único modelo de democracia interna es la Rumania de Nicolae Ceaucescu. Próxima estación, pues, Corea del Norte.                 

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