Crisis del PP

Primarios

José García Domínguez

A falta de primarias, diríase que don Mariano ha optado por convocar primarios. Nadie se extrañe entonces de que al viejo torrente de Villalba le haya faltado tiempo con tal de desbordarse por donde en él suele ser costumbre, es decir, a la altura justa del betún. De ahí el "¡Se callen, coño!" que ha venido a susurrar ese sutil pensador neokantiano que siempre supo conducir la nave de la derecha con pulso firme desde la nada hasta la más desesperante de las miserias.

En otro orden de fatalidades, es sabido que con los primarios sucede lo mismito que con las desgracias: nunca llegan solos. Así, tras la suprema aportación de Fraga al gran debate de ideas en el seno del Partido Popular, Sor Aya se ha sentido obligada a deponer la suya. O mejor, lo suyo. Lo suyo es el "liberalismo social", por lo visto el único e ignoto territorio doctrinal donde la portavoz se siente cómoda. Aunque, así, de entrada, no está claro si estamos ante una declaración de principios o ante una amenaza. Y es que el último que se postuló algo vagamente parecido fue Indalecio Prieto, que como se decía socialista a fuer de liberal no tuvo reparo moral alguno en ordenar el asesinato de Calvo Sotelo. Mucho ojo, pues, con la criatura.

En fin, pleonasmo, oxímoron o simple tontería, con eso del liberalismo social de Sor Aya viene a pasar como con la prosa de Baroja según Rubén Darío: que encierra mucha miga. Porque ya puede desgañitarse el otro repitiendo que él está con la Merkel, Sarkozy y la Modernidad, pero contraponer a estas alturas del partido el liberalismo con lo social si a algo suena es a montañas nevadas, alcanfor azul, Licinio de la Fuente, banderas al viento, Pepe Solís Ruiz, revoluciones pendientes, menos latín y más deporte, y prietas las filas e impasible el ademán.

Mas preparémonos para lo peor. Permanezcan atentos a la pantalla, que cosas veredes, amigo Sancho. Pues éste es el exacto momento procesal en el que, invariablemente, salta al ruedo algún bobo con mando en plaza para acabar de arreglarlo, explicándole al respetable que el liberalismo consiste en un talante, en una actitud personal, en un modo de ser y tal, más que una ideología política concreta. Y si no, al tiempo.
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