Por qué Podemos no entusiasma en Vallecas

José García Domínguez

Una noticia bien reciente de la sección de Sucesos, esa del enfrentamiento “entre bandas”, así, a secas, sin el añadido de gentilicios prohibidos por los principios estrictos de la corrección política, invita a reflexionar sobre las razones profundas de por qué la izquierda madrileña, y pese a los reiterados llamamientos durante estos días del candidato Iglesias a la movilización, no tiene una expectativa de voto particularmente brillante en el Sur, su teórico bastión histórico. Y es que, más allá de la charlatanería propagandística sobre el fascismo y el antifascismo, tienen que existir causas políticas objetivas que expliquen, por ejemplo, el fracaso relativo que cosechó la izquierda en lugares como Puente de Vallecas, Usera y Villaverde, zonas de extracción humilde donde la abstención en las municipales últimas superó, y de modo estadísticamente significativo, el nivel medio de la ciudad. Los de Puente de Vallecas, es cierto, no votan mucho al PP, pero prefieren quedarse en casa en lugar de correr con rendido entusiasmo al colegio electoral para apoyar a Podemos y afines. E Iglesias haría bien en preguntarse por qué sucede eso. 

Una pregunta, por cierto, susceptible de una explicación bastante simple. Ocurre que en Madrid, igual que en Barcelona, del orden del 40 por ciento de las ayudas sociales condicionadas a los niveles de renta de los perceptores - que resultan ser la mayoría- , unos recursos públicos destinados a las personas de rentas más bajas y por cuya concesión compiten las familias españolas de los estratos necesitados con inmigrantes de reciente implantación en Europa, recaen en estos últimos. Hablamos de beneficiarios que, en general, no votan en España. Pero también hablamos de perjudicados que, en cambio, sí votan en España. Se trata, huelga decirlo, de un tema tabú. Pero, por muy tabú que se antoje, no deja de ser real. Carmena, seguramente perdió la Alcaldía por eso. Y Colau estuvo muy a punto de perderla por lo mismo. Bien haría Iglesias, decía, en dejarse, siquiera por un rato, solo por un rato, de fantasías antifascistas de película de Bertolucci. Que piense un poco, solo un poco, en la más prosaica realidad cotidiana del Sur, ahora que todavía está a tiempo. En Puente de Vallecas se lo agradecerían. Seguro.

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