Por qué los escolares de Castilla y León saben más

José García Domínguez

Yo no sé si los niños de nueve años escolarizados en la región de Castilla y León poseen un nivel de conocimientos académicos muy superior al de los niños de nueve años escolarizados en las regiones de Andalucía, Murcia, Canarias o Baleares. Ni lo sé yo ni lo sabe nadie, al menos con una mínima certeza, la imprescindible para dotar de algún rigor científico a esa hipótesis. Y ni lo puedo saber yo ni lo puede saber nadie por la muy prosaica razón de que las célebres pruebas internacionales cuyo resultado da lugar al famoso informe PISA no se realizan con los escolares de ese rango de edad. De ahí que no se disponga de datos objetivos, esto es numéricos, para poder realizar ese tipo de comparaciones entre territorios vecinos. Por lo demás, esos test sí permiten evaluar a los alumnos a partir de los catorce años, nivel a partir del cual, en efecto, se constata que los escolares castellano-leoneses obtienen resultados medios en la mayoría de las materias por encima de los que alcanzan sus iguales murcianos, canarios, baleares o andaluces.

Manifiesta asimetría de rendimientos docentes en función de la geografía de la que un político, y más en periodo de celo electoral, puede estar tentado de extraer petróleo en forma de demagogia mitinera. Un economista, sin embargo, tendería a fijarse en el genuino hecho diferencial desde el punto de vista del espacio físico que marca el contraste entre la región de Castilla y León y esas otras que se han mencionado ahí arriba. Y es que Castilla y León no tiene mar. Y donde no hay mar no hay playas. Y donde no hay playas no hay un sector turístico potente que incentive el abandono escolar temprano, vía la creación de muchos puestos de trabajo de temporada que requieran una escasa o nula cualificación académica para su correcto desempeño. La explicación al hecho, por lo demás demostrado, de que los escolares castellanos obtengan notas mejores que los canarios y baleares, entre otros, es justamente esa.

Porque ni los niños canarios son más o menos despejados que los de Burgos o Segovia, ni los profesores que imparten docencia en Murcia transmiten los conocimientos de un modo distinto que los que ejercen en Ávila, ni tampoco el volumen de los recursos económicos que Andalucía destina a la educación resulta ser muy dispar del que presupuesta la Junta de Castilla y León. En general, la España interior obtiene mejores rendimientos educativos que la España costera por esa razón económica que muy poco o nada tiene que ver con la calidad objetiva de sus respectivas redes de instrucción pública. De ahí, por cierto, que en los peores años de la crisis, cuando se hundió el sector de la construcción, la otra vía de escape tradicional para el abandono escolar temprano, los resultados medios de España en el informe PISA, Andalucía incluída, mejoraran de modo estadísticamente significativo. La solución, la verdadera, a los niveles diferenciales de fracaso escolar en la España costera no está dentro de las aulas sino fuera. Y se llama modelo productivo.

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