Cataluña

Perlas (muy) cultivadas

José García Domínguez
“La única explicación que creemos sirve para entender la transformación capitalista de la sociedad española es que existen al menos dos formaciones sociales distintas que responden, obviamente, a unos procesos históricos profundamente diferenciados”. Había que saberlo de memoria. Y repetirlo literalmente en el examen, sin saltarse ni las dos comas; la frase enterita, de pe a pa.
 
Ocurrió durante lustros, convocatoria tras convocatoria, promoción tras promoción. Hasta que, hace nada, el presidente de Caixa Cataluña, un tal Narcís Serra, deslumbrado por su doctrina se la llevó al PSC, la escala previa al nombramiento como presidenta de la Comisión Nacional de la Energía. Antes, año tras año, cada mes de julio se reproducía idéntica liturgia. En el bar de la facultad, con las manos sudorosas por los nervios, parejas de estudiantes se examinaban entre sí, a la espera de que los bedeles abriesen las grandes puertas de las aulas y diera comienzo la genuina prueba, la de verdad. Y es que nadie que pretendiera obtener la licenciatura en Económicas de la Universidad de Barcelona podía permitirse ignorar el más nimio detalle del choque entre esas dos “formaciones sociales”, que resultaban ser la “española” y la “catalana”.
 
Así, en aquellos preámbulos angustiosos de cafés dobles, pitillos encadenados y montañas de apuntes a ciclostil, el taquicárdico estudiante A, con el manual de la profesora Mayte Costa abierto por la página 48, inquiría al acongojado becario B:
 
- Dime, B: ¿Qué caracteriza a la burguesía de la formación social española?
 
Y B, pálido y ojeroso tras dos noches sin dormir e ingiriendo sin parar centraminas y escolástica nacional marxista aplicada a la estructura económica de la Península Ibérica, replicaba:
 
- Te responderé ciñéndome al manual de la Costa, sin alterar nada. No me saltaré ni las comillas, tal como a ella le gusta. Vamos allá…” Los antiguos comerciantes y la aristocracia terrateniente –que simplemente había sustituido la forma de propiedad feudal por la propiedad capitalista, sin haber sufrido ninguna expropiación– formaron lo que se ha dado en llamar la oligarquía dominante, fracción de la burguesía que se caracteriza por sus principios antiinnovadores y contrarios a toda iniciativa de cambio”.
 
A continuación se invertían las tornas, y era A el llamado a demostrarse en público que no había olvidado ninguno de los mantras sagrados de la temible Mayte:
 
- A ver, A: ¿Cuál será la más gravosa consecuencia para Cataluña del conflicto entre esas dos formaciones sociales que aseguras llevar tan empolladas?
 
- Hombre, eso está tirao; cae seguro. Te lo puedo cantar como un loro, tal y como viene en el libro; y con comillas, igual que tú. Escucha: El enfrentamiento “llevará a que Cataluña durante casi cinco siglos considere que el poder y las actuaciones del centro son algo ajeno a los intereses catalanes y que si en algo influyen es negativamente. Habría aquí que recordar a Pierre Vilar cuando afirma: No es la pobreza de Cataluña la que hizo arruinar a España, sino que es precisamente la pobreza de España la que impone los límites del desarrollo catalán”.
 
Y vuelta a empezar, de nuevo preguntaba B. Así, hasta que emergía Mayte al fondo del largo pasillo de la facultad, momento en el que se extendía por la cafetería un silencio sepulcral.
 
- ¿Y qué tendrá que ver todo eso con el Tripartito y la OPA sobre ENDESA?– tercia un elegante espontáneo que se me acaba de colar en el artículo.
- Pues, mira Josep, majo, te lo explicaré otro día, ya no me queda más espacio en la columna de hoy.
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