Pactos con CiU

Penúltimas desventuras, agravios y quebrantos del Pobre Piqué

José García Domínguez

No lo voy a ocultar, me provoca un cierto goce estético el espectáculo cotidiano de ver a Josep Piqué humillado de rodillas ante los convergentes; besando las suelas de los zapatos a unos carpantas de tercera regional que lo desprecian; suplicando árnica a esa cuadrilla de cesantes que apenas guarda en el fondo del morral el Excelentísimo Ayuntamiento de Tarragona por todo patrimonio en este valle de lágrimas. Así, Artur Mas, hastiado de su constante gimoteo, ya ni siquiera se rebaja a abofetearlo ante notario. Ahora, con desdén cansino le suelta al patriota Felip Puig en misión de espantamoscas plenipotenciario. Y el patriota Puig, arrastrando tediosamente las palabras, sentencia que esos juegos de cama de los que anda alardeando el Josep por los cenáculos de Madrit son puras "fantasías", delirios de un somiatruites de esos que confunden la reforma agraria con el Plan Badajoz.

En el fondo, el drama del pobre Piqué es que está convencido de que los carpantas pactarán con él porque son como él. Sin reparar en que el drama de los carpantas es que no pueden pactar con él, precisamente porque son como él. ¿O acaso barrunta el bueno de Josep que en CiU no escucharon su cómica invocación a Santa Bárbara antes del éxito en las Autonómicas? "Los ciudadanos nos sitúan muy lejos de la centralidad porque nos ven demasiado españolistas", proclamó entonces nuestro Prometeo. Y pensar en cuántos desplantes se ahorraría el pobre Piqué si, en lugar de pujar por colocar en nómina a todas las estrellitas fugaces del Instituto Cambó, perdiese dos tardes leyendo los "Dietarios" del Patriarca. Por ejemplo, esta anotación de don Francesc redactada al tiempo que el general Franco, gracias a las armas compradas con su generosa financiación, se aprestaba a tomar Cataluña y arrasar su autogobierno:

La Edad Media, aunque parezca una paradoja, fue la época en que el ser humano, espontáneamente agrupado, fue más fuerte y más libre –de verdad, no como en la broma liberal de la soberanía popular mediante el sufragio– (...) En la Edad Media aparece la Nación, que se forja espontáneamente, libremente, sin coacciones de poder (...) Y gran parte de la Historia desde el siglo XV la llenan los esfuerzos de los grandes Estados para destruir a las pequeñas naciones y los procesos, siempre triunfantes, de las pequeñas naciones para romper el cerco asfixiante que, con propósitos de exterminio, les habían puesto los grandes Estados.

¿Qué más habría de necesitar el pobre Piqué para adivinar que, como siempre, llegado el momento de la verdad los carpantas volverán a correr en auxilio del ganador, sea quién sea, venga de dónde venga y se llame cómo se llame? En fin, disfrutemos mientras del espectáculo.

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