Pellizcos de monja contra Putin

José García Domínguez

Rusia es Argentina con misiles nucleares. Su PIB resulta ser casi exactamente igual que el de España, con la pequeña diferencia de que Rusia alberga una población de 146 millones de almas frente a los escasos 47 millones de habitantes con que cuenta nuestro país. De ahí que, en términos de producción per capita anual, estemos hablando de ocho mil euros muy raspados por barba frente a veinticinco mil, más del triple. También como Argentina, Rusia constituye un país subdesarrollado que, pese a los muy altivos aires de grandeza y la nostalgia colectiva por un pasado mítico que ya es historia, vive en lo fundamental, como tantos otros países subdesarrollados, de exportar materias primas y productos agrícolas sin elaborar a las naciones ricas de Occidente. Eso es Rusia.

Estamos hablando, sí, de un lugar pobre cuya principal fuente de ingresos procede de los 700 millones de dólares diarios que obtiene en los mercados internacionales de productos básicos a cambio de gas, petróleo y algunos excedentes agrícolas. Eso es todo. No hay más. Quítese pues de la cabeza sofisticadas operaciones con intangibles financieros en los operadores globales o complejos entramados de alta tecnología con usos civiles quien quiera vislumbrar la genuina realidad de la tosca estructura económica sobre la que reina Vladimir Putin. Esas entelequias fantasiosas, simplemente, no existen en los lugares como Rusia.

Y por eso solo hay una única manera de aplicar sanciones en verdad efectivas contra un entramado económico nacional de tales características –tecnológicamente rudimentario e ineficiente–, a saber: bloquear todos los canales internacionales de pago a través de cuales el régimen obtiene divisas a cambio de sus exportaciones energéticas y agrícolas. Eso sí haría daño a Putin, mucho daño. Bien, pues eso, cerrarle el grifo de los dólares y de los euros en contrapartida al gas, al trigo y al petróleo, es justo lo que Estados Unidos y la Unión Europea han acordado no hacer. Por si hubiera alguna duda, Biden lo dijo de forma expresa en su discurso al respecto. "Ya saben, nuestro paquete de sanciones fue diseñado específicamente para permitir que continúen los pagos de energía". Acabáramos. No son sanciones, son pellizcos de monja.

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