Pedro Sánchez lo está haciendo bien

José García Domínguez

Pedro Sánchez no ha errado. Muy al contrario, ha hecho lo que tenía que hacer. Y además ha procedido a hacerlo con pericia notable. Todas las almas puras e inmaculadas que ahora afean al aspirante el haberse conducido como uno de esos macarras de las tertulias que imponen su ley en los platós de televisión a base de berridos, groserías, ademanes chulescos y malos modos olvidan algo fundamental, a saber, que todos esos macarras triunfan entre la audiencia. No es que triunfen, es que únicamente ellos triunfan. En España ningún comunicador se ha hecho rico citando a Kant, igual que ningún candidato a ocupar La Moncloa ha ganado nunca unas elecciones apelando al sereno raciocinio analítico de los votantes. ¿A qué viene, pues, tanta lágrima hipócrita de cocodrilo resabiado?

Los populistas y los ladrones de carteras poseen hábitos profesionales muy parecidos. Ambos gritan "¡Al ladrón!" cuando echan a correr para sembrar el desconcierto mientras se dan a la fuga. Repárese, si no, en las reiteradas promesas de seriedad y rigor de PP y PSOE previas al inicio de la campaña. Unos y otros nos anunciaron el muy sincero propósito de combatir el burdo discurso populista de Iglesias y su troupe. Bien, pues a la hora de la verdad les ha faltado tiempo para dejar como a un par de respetables estadistas a los Monedero, tanto al hijo como al padre.

Un espectro recorre este país: el fantasma del populismo. Un populismo ubicuo que va desde la demagogia convertida en espectáculo periodístico cotidiano hasta la praxis del arco político todo, sin excepción. Epidemia, la que nos asuela, que ya hace indistinguibles los discursos de la casta y de la pretendida anticasta. A diestra y a siniestra, el mismo rancho. Si no queríais caldo, cien tazas. A falta de ideas, más toneladas de basura a cuenta del trinque y la mamandurria. Y por eso mismo Sánchez no se equivocó al forzar que el debate con Rajoy deviniese en una reyerta tabernaria de gañanes. Como en el periodismo, también en política la mierda vende.

Según las ultimísimas catas demoscópicas, habría ahora mismo 2,8 millones de electores que se estarían planteando votar socialista u otra opción. De ellos, algo más de 900.000 sopesarían inclinarse por Podemos. Pero es que tanto esos como el resto se ubican de modo predominante en el espectro ideológico del centro-izquierda. No por casualidad el líder del PSOE ha optado por chapotear en el mismo fango que Iglesias durante estos últimos días de campaña. Lo dicho, acierta. Pero, ¡ay!, llega tan tarde. Sic transit

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