El Prat

Pedagogía del matonismo

José García Domínguez

Quienes ya acusáramos recibo en su día de que ZP no resulta ser un mortal más, tampoco nos hemos extrañado ahora, al descubrir que Pepe Montilla, en realidad, es San Agustín de incógnito –"Yo soy dos, y estoy en cada uno de los dos por completo"–. Nada habremos de objetar, pues, a su airado tirón de orejas al Gobierno de Madrit, exigiéndole "que tome las medidas necesarias para que acciones como la del viernes no se vuelvan a repetir". Como tampoco afearemos aquí la conducta ejemplar de los sindicatos en su querella con Iberia por el asunto ese del "handling" (como España es un notorio país de políglotas, nadie ha querido abundar en la ordinariez de traducir el objeto de la gran tangana).

Por lo demás, de un tiempo a esta parte, es sabido que la voz diálogo significa que toda autoridad, y sobre todo cuanto más legítima sea, está obligada a someter su conducta a los designios de cualquier minoría que se le enfrente, sobre todo cuanto más violento y gangsteril resulte el "modus operandi" de ésta. De ahí que, una vez alcanzada la solución dialogada en lo del "handling", a uno sólo lo sorprenda la tibieza de los compañeros del Comité. Y es que ni siquiera han exigido que se encierre en La Modelo a esos bárbaros viajeros que invadieron la pista de El Prat con el artero afán de entorpecer su ocupación. Un apocamiento que contrasta con la desmesura atroz en la actuación de Joan Rangel, actual testaferro del Gobierno en Cataluña y presunto heredero del cordobés en Industria. Contundencia represiva que la propia Maleni Álvarez ha venido a condenar entre líneas.

Porque, tal como lúcidamente sostuvo la de Fomento, "en la pista había aviones llenos de queroseno, por lo que cualquier actuación policial podría poner en peligro la seguridad". Y aún así, los guardias de Rangel apenas esperaron doce horas hasta tirar de porra, en lugar de aguardar al inicio temporada de esquí, para que el frío congelara los fluidos en los tanques de combustible, tal como sugerían el sentido común y la propia señora ministra. Mas ahí terminaría la lucidez de la Álvarez, porque justo después le llegó el Alzheimer. Cómo comprender sino el despropósito de sus siguientes cogitaciones, dando en calificar de "conducta inexplicable e inadmisible" al ejemplar ejercicio de pedagogía del matonismo que escenificaron sus discípulos sindicales en Barcelona.

A saber, los compañeros invadieron la pista de forma totalmente espontánea, sin que mediase convocatoria formal de nadie, y la mayoría supo del "happening" a través de mensajitos anónimos de SMS. Igualito que cuando lo del barco, Maleni. ¿Ya no te acuerdas de lo del barquito? Sí, mujer, aquello tan divertido de asaltar las sedes y dar palizas; primero, por lo de los pobres peces; después, por lo del pobre Sadam; y, al final, por lo otro, lo de los pobres moritos de las mochilas". ¿Lo recuerdas ahora? Claro, cuando queríais saber quién había sido. Entonces, ¿a qué viene eso de que "se exigirán responsabilidades, tanto desde el ministerio del Interior como desde los servicios jurídicos de Fomento? ¿O acaso pretendes sentar el gran precedente para procesar a José Luis? De cuota tenías que ser.

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