Olimpiadas de Montilla

Payasos sin Fronteras

José García Domínguez

Lo admito, cada día veo más próxima la separación definitiva de Cataluña. Mas no porque nosotros queramos irnos, sino porque el resto de los españoles, hartos de tanta payasada, acabarán echándonos. Y cuando ese aciago día llegue comprenderemos, al fin, cuál ha sido nuestro gran drama desde el último tercio del siglo XX. Me refiero a la pérdida irreparable del sentido del ridículo, aquella ancestral virtud civil que en la vieja Cataluña llegara a expandirse hasta pisar el mismo linde que marca la frontera con lo patológico. Por lo demás, a fecha de hoy aún no se nos ha desvelado la pauta del canon que habrá de sustituirla. Aunque se antoja sencillo adivinar el ideal supremo de esa nueva ética pública: hacer el indio en todos y cada uno de los escenarios que nos ofrezca la vida institucional.

Así, al Molt Honorable Pepe Montilla ya le sabe a poco que, ahora mismo, seamos los campeones de Europa en Fracaso escolar, que encabecemos la Superliga de la OCDE en las muy competidas modalidades de Casas okupadas y Levantamiento de botellón para menores de 16 años. O que nadie en el mundo nos pueda disputar el "pichichi" en la categoría de Autoridades civiles sin ni siquiera el Bachillerato. De ahí que le haya encomendado a Carod la urgente financiación de unas Olimpiadas de los Paraísos Fiscales sin Estado ("naciones" los llaman ellos).

Porque, como en el Oasis no hay problemas y no nos falta de na, vamos a echarles un pulso –con todos los gastos pagados, borracheras en Lloret de Mar incluidas– a los titanes de Gibraltar, Andorra, Curaçao, Islas Feroe, Islas Vírgenes, Islas Caimán, Macao, Auba y no sé quién más. Como decía Pla, se ve que el caso es pasar el rato. Que se vayan entrenando, pues, nuestras flamantes selecciones nacionales de corfbol, cestock, pitch&putt, kickboxing, twirling, raquetbol y canicas. Que los vamos a arrasar.

Ya muy viejo, el mismo Pla elaboró una teoría sintética sobre la tropa política catalana. Doctrina que quien conozca el género y tenga un par de dedos de frente no podrá más que suscribir hoy. Sentenciaba el maestro: "No hay que perder el tiempo, ni hay que preocuparse; no tenemos ningún valor, aquí no hay nadie que sepa hablar, que tenga algo que decir; nadie que valga la pena". Razón de que Tarradellas, que para sus adentros pensaba justamente lo mismo, desembarcase en El Prat advirtiendo muy en serio que él retornaba dispuesto a hacer cualquier cosa menos el ridículo.

En fin, que Dios los guarde en su gloria...y que a los demás nos coja confesados.

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