Senador Maqueda

Pakito de Soria nos quiere muertos

José García Domínguez

El martes supe del auténtico estado de la Nación por el blog de Arcadi Espada. Allí, gracias al senador Francisco Javier Maqueda Lafuente, descubrí lo que en justicia nos merecemos: una bala en la sien. Pues sucede que el tal Maqueda Lafuente, un maketo de Soria que al parecer ha hecho carrera en el PNV como chico de los recados financieros, sueña con que nos maten de una vez los compis de Otegi. Ese el máximo deseo en este valle de lágrimas del aforado Maqueda: contemplarnos cadáveres. Con todo su corazón nos ansía él bajo una lápida de mármol. Y cuanto antes, ya que esas mil tumbas que llevamos cavadas apenas sirven de parco entremés a este insaciable Pakito de Soria.

Razón de que tal que así berreara ese su anhelo más profundo ante una partida de civilizados pancatalanistas que, al decir de los cronistas, le aplaudieron "a rabiar": "El que no se sienta nacionalista, no tiene derecho a vivir". Y es que al abertzale Paco que no le vengan con metáforas, sucedáneos, aguachirris y cuentos chinos: él exige sangre de la de verdad, de la espesa, de la de toda la vida. De ahí que al maketo Maqueda le haya sabido a muy poco, a casi nada, ese tiro de gracia que Zapatero acaba de dispararle a la Constitución en la nuca. A la hora de la comida, el tribuno Lafuente, que es animal de costumbres, está habituado al platazo de chuletas y el copón de chacolí con su buena guarnición de sesos de guardia civil esparcidos en el noticiero de Euskal Telebista.

Y cuando lo llaman a cenar, lo mismo. A Francisko-Xavier, le quitas del Tele Berri el primer plano del cráneo troceado de un policía nacional y ya no le place igual el cocido. Vaya que falta en la pantalla de plasma una viuda de chakurra reventado por una bomba-lapa y al senador le entra como una desgana, un no sé qué, como si les fallara la sal a las alubias y hasta a la vida. Entonces, se pone mustio todo él, me pierde por completo el apetito y se aparta, mohíno, taciturno y silente, a la piltra. En el fondo, es un sentimental de la cuerda de Gloria Estefan: también quiere que siga la tradición. Por su parte, al gudari Anasagasti le viene ocurriendo más de lo mismo. Aunque, por aquello de que en materia de gustos no ha de haber disputas, Iñaki preferiría matarnos de hambre. Así, su también señoría barrunta que quien no sea hispanófobo no debiera tener derecho a cotizar a la Seguridad Social. E, indignado, anda reclamando de sus iguales el boicot activo a FCC por haberle ofrecido un puesto de trabajo a Nicolás Redondo Terreros.

Pobres bestias, a la postre, hasta las acabaremos echando de menos. A fin de cuentas, este Pakito del Maletín y nuestro Iñaki de la Peineta eran de los moderados, de los blandos, de esos tibios humanistas que la ETA nunca pudo soportar. Es decir, desde hoy, de los perdedores. Así que reza –si sabes– Pakito, ahora, el jefe de cocina es Josu Ternera. Ergo, tu nombre tampoco habrá de faltar en la larga lista de ese grasiento menú que empezará a condimentar ya mismo. No lo dudes, Paco.
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