¿Otra Constitución para contentar a Mas?

José García Domínguez

Acuso recibo en las páginas de El País de que el PSOE diseña una España "unida y federal". O sea, que andan ingeniando un pleonasmo, pues no hay ninguna federación en el mundo que contemple la eventual separación de alguno de los territorios que la componen. Al respecto, la buena noticia es que en Ferraz hayan descubierto la navaja de Ockham; la mala, que pretenden usarla al revés. Cuanto más enrevesada resulte la solución de un problema, mejor, parecen barruntar. Y es que la eterna cantinela federal, cansino sonajero retórico con el que el PSOE ansía congraciarse con el catalanismo, es lo que Jiménez de Asúa llamó el "fetichismo de un nombre" cuando las Constituyentes de la República.

Porque, más allá del caos que desencadenaría el proceso de ratificación de la nueva forma de Estado por las actuales comunidades autónomas, nada en verdad distinto habría de aportar. Lo que ahora postula Rubalcaba, convertir en una federación de iure a un país, España, que ya lo es de facto, exigiría transformar los diecisiete estatutos en otras tantas constituciones de los estados miembros de la federación española. Un asunto que impondría reformar todos y cada uno de los diecisiete en las Cortes Generales. Para, acto seguido, proceder a la convocatoria de diecisiete referendos locales. Amén, claro, de organizar otro seguro referéndum, el decimoctavo, éste a escala nacional.

Algo que acontecería tras haber alcanzado la ocurrencia una mayoría cualificada de dos tercios en el Congreso y la absoluta en el Senado. Todo por una cuestión apenas nominal. Porque un Estado federal de verdad no incorporaría diferencias cualitativas en relación al hoy vigente en España. Y un Estado federal de mentira, ese cambalache asimétrico con el que no deja de fantasear el PSC, es invento que nadie, empezando por ellos mismos, sabe en qué consiste. Así las cosas, se llame como se llame, ningún modelo de Estado que se fundamente en el principio democrático de la igualdad de los ciudadanos ante la Ley contará jamás con el asentimiento de los catalanistas. Ninguno. Si lo que Rubalcaba pretende es dar satisfacción a Mas, lo que debe promover no es la reforma del Estado, sino su inmediata disolución. Aunque ni siquiera entonces sería seguro que dejasen de lloriquear. 

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