Obituario de Pedro Sánchez Castejón

José García Domínguez

Los dioses, es sabido, castigan a los hombres concediendo lo que les piden. La derecha descerebrada llevaba 30 años clamando para que el PSOE desapareciese. Bueno, pues casi, casi lo han conseguido. Ahí tienen, por fin, a Monedero, ya pueden cantar victoria. ¿O acaso pensaban que iba a llegar Pipi Calzaslargas para ocupar su hueco? A estas horas, lo más probable es que Pedro Sánchez esté muerto, víctima de un apuñalamiento por la espalda en la mejor tradición del cainismo visigodo tan caro a los barandas del PP, siempre prestos ellos y ellas a acuchillarse entre bambalinas luciendo la mejor de sus sonrisas. Ya lo dijo D'Ors, aquí, lo que no es tradición es plagio. Y la verdad es que Sánchez, el difunto presunto, no iba muy allá, pero tampoco es que en PSOE de ahora haya muchas más lumbreras descollantes.

Ni en el PSOE ni en ninguna parte, para qué nos vamos a engañar. Ni siquiera en la Andalucía de Díaz, que no es precisamente la Atenas de Pericles ni, ¡ay!, el caldo de cultivo intelectual de Rosa Luxemburgo. Hasta la fecha, el fulanismo, el quítate tú que me pongo yo, parecía la ideología oficial y única conocida del PP, pero todo se pega. A ese Sánchez efímero diríase que lo van a echar por la misma razón que lo pusieron: sin saber por qué. Imposible, por lo demás, que Díaz, la inductora confesa del parricidio, pueda alegar discrepancia doctrinal alguna con el finado. No se puede disentir de una tabula rasa. Y es que, como toda esa nueva hornada de políticos de sala de maquillaje y plató que infestan el espacio radioeléctrico, el traspasado Sánchez era un hijo putativo de las cámaras de la tele.

Escribe Sartori con desesperanzada lucidez: "La televisión produce imágenes y anula los conceptos, de ese modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender". El Homo videns, el soberano absoluto de la era digital, criatura incapaz de comprender ningún concepto que no esté ilustrado por imágenes en movimiento, demanda eso, vistosos hologramas hueros como Sánchez, Iglesias, Cantó… En fin, huelga decir que, al modo de la Falange y UPyD, Sánchez no era ni de izquierdas ni de derechas. Ni falta que le hacia. Díaz tampoco, pero esa es otra historia. "Muero como he vivido: por encima de mis posibilidades", clamó Oscar Wilde en su instante último. Así Sánchez. RIP.

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