Noticia del zurupeto Moreno Bonilla

José García Domínguez

Don Juan Manuel Moreno Bonilla, el nuevo presidente del PP andaluz, es un zurupeto. Otro más. La voz zurupeto, recuérdese, designa en la lengua de Castilla a cuantos se atribuyen con falsedad manifiesta títulos académicos u otros saberes reglados de algún relumbrón. Así, Moreno, el candidato llamado a promover la regeneración moral de la política en Andalucía, lleva más de trece años consecutivos falsificando su currículum oficial. Y los que te rondaré. Pues ni era licenciado en Administración y Dirección de Empresas, tal como aseguró durante lustros por escrito, ni tampoco poseía esos tres improbables masters de los que igual blasonaba en sus cartas de presentación. Según parece, toda la magra ciencia atesorada por Moreno se reduce a un peritaje profesional en asuntos de protocolo que habría obtenido ya traspasada la cuarentena.

Es sabido que una de las poquísimas leyes de la economía que jamás fallan en el mundo real responde por Ley de Gresham. La Ley de Gresham apela al principio según el cual, cuando en un país circulan simultáneamente dos tipos de monedas de curso legal, y una de ellas es considerada por el público como buena y la otra como mala, la mala siempre acabará expulsando del mercado a la buena. O sea, lo mismo que viene ocurriendo en la vida pública española de treinta años a esta parte. Podríamos llamarla, por ejemplo, Ley de Montilla. Y su enunciado debiera obedecer a la siguiente fórmula canónica: cuantos más apparatchiki amamantados en las juventudes de los partidos accedan a la cúspide institucional sin haber acreditado otro mérito que la obediencia al mando, menos personas serias, íntegras y cualificadas querrán competir por los puestos de alta dirección política.

Cada vez más indistinguible de los socialdemócratas en estos tiempos de asepsia ideológica y soberanías menguantes, el PP había mantenido al menos un cierto elitismo tecnocrático como última seña de identidad. En Génova no había enarcas, pero tenían un invernadero de abogados del Estado en la terraza del ático, que vienen siendo el sucedáneo casto y castizo de la aristocracia administrativa que manda en Francia desde hace setenta años; por cierto, muy selectiva casta nobiliaria creada por un comunista de los de Stalin, Maurice Thorez. Y en esto llegó Moreno con sus masters del universo y su licenciatura ful de Estambul. Lo dicho, la Ley de Montilla. Por algo nació en Barcelona.

A continuación