Elecciones

Los tristes presagios de Vistalegre

José García Domínguez

Rendida la última frontera que aún escindía el análisis político del marujeo consustancial a la prensa del corazón, el abortado mitin de Vistalegre dará, sin duda, para iluminar muy sesudas chácharas a cuenta de si habrá de ser fulanito, menganito o zutanita el candidato del PSOE en las generales de 2012. Asunto trascendental, dicen, para el resultado de los comicios. Así el patio, aún es más de agradecer, tan exótico, el rigor intelectual vertido por José Ignacio Wert en su último análisis demoscópico, ése que acaba de airear en las páginas de El País. Una radiografía del mapa electoral que revela al común cierta novedad desconcertante por insólita, a saber, los españoles, contra todo pronóstico, se habrían vuelto normales.

O eso parece desprenderse de sus pesquisas con los datos del CIS. Y normal significa homologable al resto del Occidente más o menos civilizado. De confirmarse, pues, el diagnóstico asistiríamos a la extinción, acaso por muerte natural, de último rasgo castizo que singularizaba al censo patrio. Me refiero a ese lugar común sociológico que convertía a la izquierda volátil, César Molinas dixit, en eterno árbitro de los resultados. Es sabido, aquí, entre los enterados y arriolas de turno siempre ha imperado idéntico mantra: el objetivo primero del PP en cualquier campaña ha de ser que no acudan a las urnas los que le detestan, y para el PSOE que sí se acerquen a los colegios cuantos le desprecian.

Y es que la partida toda giraría en torno a una heterogénea izquierda errática que, aun repugnándole el Partido Popular, solo concedería votar a los socialistas tras protegerse la nariz con unas pinzas. Fue norma en tiempos de la República, cuando la abstención o no de los anarquistas inclinaba la suerte hacia uno de los dos bloques. E igual había venido sucediendo hasta ahora. De ahí lo anti-intuitivo del análisis empírico de Wert. Pues, contra lo que ordena el prejuicio al uso, la gran sangría del PSOE se estaría produciendo por el flanco derecho de sus antiguos votantes, no por el izquierdo, mucho más fiel a la marca. Una novedad llamada a poner punto y final a la última rémora del Spain is different de Fraga. Y, de paso, a toda esperanza para los socialistas, sea quien sea el candidato. Sic transit gloria mundi.

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