Los separatistas no saben qué hacer

José García Domínguez

Con los separatistas catalanes ocurre algo muy curioso y que, sin embargo, no se comenta mucho, a saber: que han perdido ya su lerda guerrita contra España. Son, sí, unos perdedores y unos fracasados. El procés no fue, en el fondo, más que una estafa a esa pobre gente de las bases, los dos millones raspados de ingenuos creyentes que se tragaron el cuento de que un Estado con medio milenio de antigüedad a sus espaldas, un Estado que ha resistido embates a sangre y fuego durante centurias, puede ser desmantelado con unas cancioncitas de Lluís Llach y unos desfiles de la afición por el Paseo de Gracia. El procés fue el timo de la estampita soberanista, un tocomocho para simples. Y la suprema prueba de que han perdido es que ahora no saben qué hacer. Porque se supone que han triunfado en las elecciones domésticas al acaparar más de la mitad de los sufragios, su gran anhelo histórico, aunque todos sepamos que eso significa contar con apenas el 26% del censo con derecho a voto.

Procedería entonces que proclamasen urgentemente, ya mismo, la independencia. Mejor dicho, se supone que deberían reactivar urgentemente, ya mismo, la independencia que ellos mismos proclamaron a finales de octubre del año diecisiete para, ocho segundos más tarde, guardarla sine die en el tarro hermético de la mermelada rancia. He ahí el gran secreto escondido bajo siete llaves en la sala de máquinas. ¿Por qué no implementan de una puñetera vez la independencia si eso que ellos llaman “el pueblo catalán”, o sea su particular y exclusiva tropa de infantería, la avaló en referéndum, cuando entonces y ahora han alcanzado más de la mitad de las papeletas en las urnas? Pues, aparte de porque están muertos de miedo, por la muy sencilla razón de que ningún país de la Unión Europea la reconocería, igual que ninguno reconoció las actas fantasmagóricas del 1 de Octubre. No saben qué hacer por eso, porque han perdido. Les queda, a lo sumo, alargar algo los minutos de la basura explicando otro cuento chino a su gente. Pero hasta las tragaderas de los catalanets de a pie tienen un límite. No se comenta mucho, pero es lo que hay.

A continuación