Los minutos de la basura

José García Domínguez

Han comenzado, al fin, los minutos de la basura. Nadie se extrañe, pues, de que a Maite Fernández le haya dado por ponerse a jugar a la comba con su cordón sanitario. Ni de que los correligionarios de Miguel Ángel Blanco ya se le antojen "indignos" e "infames" a la viceautista por empecinarse en usar el Pacto Antiterrorista contra los terroristas, y no en su favor. Ni tampoco de que mientras Maite da saltitos en el charco de bilis de Federico Luppi, el sector cromañón del PNV saque a la pista a Egibar para animar el baile. Pues, si la Fernández hace piernas para la galería con la cinta aislante del lazareto, ellos no van a ser menos. Al cabo, aunque ahora todos sean de la misma cuerda, el genuino cordón umbilical con la ETA sigue atado y bien atado al ombligo incorrupto de la Sabin Etxea. Por eso, cuando el PNV bueno de Imaz y el PNV malo de Ibarretxe quieren recordarnos que en el PNV de Sabino Arana madre no hay más que una, sueltan a Joseba para que nos lo explique, otra vez.

Y Joseba, con paciencia infinita, nos lo explica otra vez. Y otra vez le pide "altura de miras" al Niño de la Bola para salvarlo de "caer como otros". Quizás, las cuatro plantas del parking de Barajas fueran poca altura para la mirada siempre inocente del Niño, barruntan los jelkides. De ahí que quieran que mire más alto, mucho, mucho más alto; que sepa que del mismo cielo le pueden caer los clavos en el próximo accidente. Pero el Niño no mira ni hacia arriba ni hacia abajo. El Niño tiene la mirada perdida, absorta, ida sobre la portada del cuento de Borges que le regaló Suso de Toro. "No te puedes imaginar, Sonsoles, cuántos chinos podrían haber sido emperadores de la China. Muchísimos. Ni te creerías que incluso llegó a ocupar el trono uno que era clavadito como yo. Uno que se hizo llamar el Primer Emperador, que fue el que ordenó construir la Gran Muralla para que los bárbaros jamás pudieran volver a invadir su reino, y así eternizar a su estirpe el Palacio Prohibido. Además, para que veas, resulta que ese mismo fue el que dispuso que se quemasen todos los libros anteriores a él, el que decreto la sistemática abolición del pasado".

Y mientras, Maite sigue jugando a la comba con la serpiente. Y mientras, Pepiño sigue sin dar con el botón para borrar aquel post en el blog heterodoso ("Con violencia no hay diálogo, y sin diálogo no hay proceso"). Y mientras, Joseba termina de atar todos los cordones al cordón, aclarándoles que PNV no hay más que uno y a ti te conocí en la calle. Y mientras, el Niño que sigue con la mirada perdida. Y mientras, los minutos de la basura que se eternizan.

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