Los hijos tontos

José García Domínguez

Aquí, en España, país con un enorme apego a la tradición, la costumbre cada vez que gana las elecciones el Partido Popular pasa por subirse a un barril de cerveza para gritar a capela que vuelven Franco, el fascismo y el 18 de Julio. A sensu contrario, cuando el que se impone es el PSOE, el hábito consiste en anunciar el retorno muy inminente del Frente Popular. Pero, por mucho que uno espere, nunca vuelve Franco, ni tampoco el Cojo de Málaga, las JONS, la quema de conventos o el aceite de ricino para los desafectos. El único que vuelve, ese sí, cada vez que hay un cambio de Gobierno es don Benito Pérez Galdós con sus cesantes y sus enchufados en los ministerios de Madrid. Lo que siempre vuelve es Miau, novelita escrita hace un siglo donde se describe con precisión milimétrica como la Administración del siglo XXI sigue pareciéndose a la de los tiempos de don Benito el Garbancero.

Así, acuso recibo hoy por la prensa de mi nueva provincia, Pontevedra, de que el Gobierno ha camuflado una dotación en los PGE de 2021 para costear el salario de los 1.212 asesores externos necesarios a fin de que pueda funcionar un Estado que cuenta con 2.595.575 empleados en su plantilla de trabajadores fijos. Asesores externos, los de Sánchez e Iglesias, entre los cuales 114 solo poseen, leo, una titulación académica equivalente al certificado de estudios primarios o al graduado escolar. Asunto que revela una muy interesante correlación estadística positiva entre el nivel de analfabetismo del asesor y la confianza creciente que esa ignorancia tan documentalmente acreditada genera en el asesorado. Una  predisposición, la de contratar a analfabetos y analfabetas como orientadores de las más altas instancias del Estado, ya se trate del hijo tonto, del sobrino tarambana o del cuñado arruinado, en la que, como en tantas otras cosas, nuestra izquierda y nuestra derecha demuestran ser exactamente iguales. He ahí, sin necesidad de hurgar más hondo y tal como consta en las hemerotecas, que Mariano Rajoy también tuvo a sus propios analfabetos y analfabetas de confianza en Moncloa; en concreto, 67 asesores personales suyos no disponían de titulación superior al graduado escolar. Ah, los hijos tontos.

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